Justicia por Alan Bordón: el joven atacado por una patota en Tigre murió tras 20 días
Tras agonizar casi tres semanas por una fractura de cráneo, el joven de 20 años falleció debido a las lesiones sufridas a la salida del boliche Tropitango por seis agresores.
El pasado domingo, la noticia del fallecimiento de Alan Ismael Bordón conmocionó a la localidad de Tigre y reabrió el debate sobre la violencia nocturna en la provincia de Buenos Aires. El joven, de apenas 20 años y padre de una niña pequeña, no logró recuperarse de las gravísimas lesiones sufridas tras ser emboscado por una patota de al menos seis personas a la salida de un local bailable. Lo que comenzó como un altercado dentro del establecimiento terminó en una persecución vehicular y una agresión física desmedida que hoy la justicia investiga bajo la carátula de homicidio.
El inicio de la tragedia en El Talar
Los hechos se originaron en la madrugada del 29 de diciembre en el boliche Tropitango, un emblemático local de música tropical ubicado sobre la colectora de la Ruta 197, en General Pacheco. Según los testimonios recolectados por los investigadores y el relato desesperado de su madre, Alan se vio involucrado en un conflicto dentro del local del cual fue retirado por el personal de seguridad.
Sin embargo, la expulsión del boliche no puso fin a la disputa. Una vez en la vía pública, la situación escaló a niveles de violencia extrema. Un grupo de al menos seis individuos, que se desplazaban en dos vehículos particulares, comenzó a perseguir al joven. Alan, que se encontraba en una situación de total vulnerabilidad frente a la superioridad numérica y logística de sus atacantes, fue alcanzado a pocas cuadras del lugar.
Una agresión brutal y desproporcionada
La reconstrucción preliminar indica que los agresores descendieron de los automóviles y emprendieron una golpiza feroz. Los golpes se concentraron en zonas vitales, provocándole a la víctima una fractura de cráneo y una hemorragia cerebral severa. Testigos de la zona alertaron a los servicios de emergencia, y Alan fue trasladado de urgencia al Hospital de Pacheco.
A pesar de haber ingresado consciente y, según palabras de su pareja, «caminando y hablando», su cuadro clínico se deterioró rápidamente debido a la gravedad del trauma encefálico. Durante 20 días, el joven permaneció en estado crítico, asistido por respiración mecánica y bajo pronóstico reservado. Su fallecimiento, confirmado este último domingo, transformó la causa judicial y profundizó el dolor de una familia que no encuentra consuelo.
El dolor de una familia destruida
La muerte de Alan Ismael Bordón deja un vacío irreparable, especialmente para su hija de tan solo dos años. En redes sociales, su novia expresó el calvario que atraviesan: «Le sacaron su papá a mi nena. Tenía fe en que ibas a salir. No perdía la esperanza, pero te me fuiste. Te pedí llorando que no me dejaras sola».
Por su parte, la madre de la víctima vinculó el caso con otros hechos de violencia sistémica que han marcado la agenda pública argentina en los últimos años. «Quiero que paguen los que tengan que pagar. Asesinos, dejaron a mi nieta sin papá. ¡Basta de matar a los pibes en patota! Hoy fue mi hijo otro Fernando Báez Sosa, otra vez», reclamó con indignación, haciendo alusión al joven asesinado en Villa Gesell en 2020 bajo una modalidad similar de ataque grupal.
Estado de la investigación y búsqueda de prófugos
La investigación judicial se encuentra en una etapa determinante. El caso está bajo la órbita de la Fiscalía de El Talar, con la intervención activa de la comisaría sexta de Tigre. Los esfuerzos actuales de las autoridades están centrados en la identificación precisa de los atacantes y de los vehículos utilizados en la persecución.
Se están analizando las cámaras de seguridad municipales y privadas de la zona de General Pacheco y El Talar para trazar la ruta de escape de los sospechosos. Hasta el momento, los responsables del ataque continúan prófugos, lo que genera una creciente tensión y reclamos de justicia por parte de los vecinos y allegados a la víctima. La justicia busca determinar no solo la autoría material de los golpes, sino también el grado de participación de cada uno de los integrantes de la patota.
Un patrón que no se detiene
El caso de Alan Bordón vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad en las zonas de esparcimiento nocturno y la falta de protocolos efectivos para disuadir enfrentamientos que se trasladan desde el interior de los locales hacia la calle. La impunidad con la que actuó este grupo de seis personas refleja una preocupante deshumanización en la resolución de conflictos menores. Mientras la fiscalía avanza en la recolección de pruebas, la sociedad de Tigre exige respuestas inmediatas para que este crimen no se convierta en una cifra más de la violencia urbana en el conurbano bonaerense.
