Hallazgo del Conicet abre el camino para optimizar terapias contra el Parkinson
Un equipo de científicos argentinos y franceses descubrió que la levodopa altera la estructura interna de las neuronas, revelando por qué aparecen efectos adversos tras años de tratamiento prolongado.
El Parkinson, la segunda enfermedad neurogenerativa más frecuente después del Alzheimer, ha encontrado un nuevo horizonte de estudio gracias a una investigación conjunta entre el Conicet y la Universidad Grenoble Alpes (Francia). El estudio, publicado en la prestigiosa revista npj Parkinson’s Disease del grupo Nature, describe un mecanismo celular hasta ahora desconocido que explica cómo la levodopa (L-Dopa), el fármaco estándar para tratar esta patología, interactúa con el «esqueleto» de las neuronas, afectando su comunicación y estabilidad a largo plazo.
El impacto de la levodopa en el esqueleto neuronal
Desde su desarrollo a finales de los años 60, la L-Dopa ha sido el pilar del tratamiento contra el Parkinson al transformarse en dopamina dentro del cerebro. Sin embargo, su uso prolongado suele desencadenar disquinesias (movimientos involuntarios) y fluctuaciones emocionales. El equipo liderado por el investigador Gastón Bisig, del CIQUIBIC (Conicet-UNC), logró determinar que la L-Dopa se incorpora a los microtúbulos, estructuras que funcionan como «rieles» internos para el transporte de sustancias esenciales en la neurona.
«El problema es que cuando la L-Dopa se integra en estos microtúbulos los hace menos dinámicos, afectando su ingreso a las espinas dendríticas, que son las ‘antenas’ donde se forman las sinapsis», explica Bisig. Esta inestabilidad provoca que las neuronas pierdan gradualmente sus puntos de conexión, lo que podría ser la causa estructural de las complicaciones que presentan los pacientes tras años de medicación.
Metodología y colaboración internacional
Para llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron microscopía de alta resolución y cultivos primarios de neuronas. A través de técnicas de fluorescencia, observaron en tiempo real cómo la dinámica de los microtúbulos se veía alterada. Además, emplearon ingeniería genética para demostrar que, en ausencia de ciertas enzimas, la L-Dopa no logra infiltrarse en el esqueleto celular, evitando así el daño sináptico.
Agustina Zorginotti, primera autora del estudio, destaca que realizaron ensayos en «tubos de ensayo» con microtúbulos purificados, confirmando que una vez que el fármaco se incorpora, las enzimas naturales de la célula no pueden removerlo. Este hallazgo sugiere que el cambio estructural es estable y persistente en el tiempo. El trabajo fue el resultado de una sinergia entre el conocimiento en cultivos in vitro de Argentina y la especialización en modelos animales y dinámica sináptica de Francia.
Hacia una terapia integral y protectora
Aunque la L-Dopa sigue siendo indispensable para recuperar funciones motoras, este descubrimiento permite pensar en estrategias complementarias. El objetivo futuro es desarrollar fármacos que protejan los microtúbulos o impidan que la L-Dopa se integre en ellos, manteniendo la plasticidad neuronal. De esta manera, se busca tratar la enfermedad no solo desde la reposición química del neurotransmisor, sino preservando la salud estructural de las conexiones cerebrales para reducir la vulnerabilidad de los pacientes al deterioro crónico.
