Meteotsunami en Santa Clara: el fenómeno que sacudió la costa
El meteotsunami es una onda oceánica de origen atmosférico que genera crecidas súbitas. En Santa Clara del Mar, este evento climático extremo provocó destrozos materiales, múltiples heridos y una víctima fatal.
El pasado fin de semana, la tranquilidad de la Costa Atlántica se vio interrumpida por un evento natural tan repentino como devastador. En Santa Clara del Mar, una «ola gigante» sorprendió a turistas y residentes, provocando la muerte de un hombre y dejando un saldo de 35 heridos. Lo que inicialmente se percibió como un comportamiento errático del océano fue identificado por expertos como un meteotsunami, un fenómeno que, a diferencia de los tsunamis convencionales, no tiene su origen en movimientos tectónicos, sino en alteraciones bruscas de la atmósfera.
El origen atmosférico de una fuerza destructiva
Para comprender qué es un meteotsunami, es imperativo diferenciarlo de los tsunamis sísmicos. Mientras que estos últimos son generados por terremotos en el lecho marino o erupciones volcánicas, el tsunami meteorológico nace de la interacción entre el aire y el agua. Se produce por cambios súbitos en la presión atmosférica derivados del paso de frentes, ondas gravitatorias o líneas de turbonada asociadas con la convección profunda.
Estas ondas, inicialmente diminutas en mar abierto, crecen por un proceso de resonancia. A medida que la perturbación atmosférica se desplaza a una velocidad similar a la de la onda marina, la energía se transfiere de forma eficiente, amplificando la masa de agua. Al llegar a zonas costeras de poca profundidad, bahías o puertos, el relieve submarino potencia el efecto, transformando una oscilación casi imperceptible en una pared de agua capaz de alcanzar amplitudes de hasta dos metros en cuestión de minutos.
En el caso de Santa Clara del Mar, la velocidad de traslación de la tormenta sobre el océano fue el factor crítico. Esta sincronía permitió que la ola ganara fuerza destructiva justo antes de impactar contra el frente costero, donde la infraestructura y la alta densidad de veraneantes incrementaron la vulnerabilidad ante el suceso.
Impacto y consecuencias en la Costa Atlántica
La letalidad del fenómeno en la provincia de Buenos Aires quedó evidenciada en la tragedia de un hombre que, tras ser arrastrado por la corriente, perdió la vida al chocar contra las rocas. Los servicios de emergencia locales informaron que la crecida fue tan rápida que no dio tiempo a las advertencias habituales. Los guardavidas y personal de seguridad se vieron desbordados por una masa de agua que no solo arrastró personas, sino que destruyó puestos de playa, carpas y mobiliario urbano.
Los registros técnicos indican que, aunque las oscilaciones más habituales oscilan entre los 60 e 120 centímetros, en eventos extremos se han documentado variaciones de hasta cuatro metros. El meteotsunami en la región se caracterizó por una periodicidad de aproximadamente 10 minutos, lo que generó un efecto de succión y posterior embate que desorientó a quienes se encontraban en la orilla.
El antecedente de 1954: pánico en la Playa Bristol
Este fenómeno, aunque poco frecuente, cuenta con precedentes históricos que marcaron la memoria de la región. El más notable ocurrió el 21 de enero de 1954 en Mar del Plata. En pleno mediodía y bajo un calor intenso, una ola de «violencia aluvional» sorprendió a miles de bañistas en la Playa Bristol.
En aquella oportunidad, el mar presentaba una serenidad absoluta hasta que tres olas gigantes impactaron consecutivamente. Aunque no se registraron víctimas fatales, once personas debieron recibir maniobras de respiración artificial por asfixia. Este evento, sumado a otro registrado en 1945 en la Escollera Norte, demuestra que la Costa Atlántica posee condiciones geográficas que, bajo ciertos parámetros meteorológicos, son propensas a estas crecidas extraordinarias.
Diferencias con el oleaje común y los tsunamis tradicionales
Es fundamental que la población comprenda las diferencias técnicas para mejorar la prevención. Un meteotsunami no es simplemente «oleaje fuerte» ni es el resultado de la caída de un meteorito.
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Origen: Los tsunamis clásicos son geológicos (terremotos). Los meteotsunamis son meteorológicos (presión y viento).
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Advertencia: Los sismos suelen dar un margen de alerta mediante sistemas de monitoreo de boyas. Los meteotsunamis dependen de radares meteorológicos y modelos de presión que son más complejos de predecir.
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Duración: Suele durar menos que un tsunami sísmico, pero su poder destructivo inicial es igualmente peligroso en áreas urbanizadas.
Perspectivas de seguridad
El trágico suceso en Santa Clara del Mar funciona como un recordatorio de la imprevisibilidad de la naturaleza. La educación sobre el meteotsunami es el primer paso para la prevención. El conocimiento de que una tormenta severa mar adentro puede traducirse en una crecida súbita es vital para quienes visitan las costas argentinas. La inversión en estaciones de monitoreo y la capacitación en hidrometeorología serán determinantes para evitar que una jornada de descanso vuelva a transformarse en una catástrofe.
