Milei y Malvinas: Entre la Claudicación y la Admiración a Thatcher

El presidente argentino agitó el avispero con declaraciones que avalan la posición británica sobre la autodeterminación en Malvinas y la polémica estalló.

Desde su asunción, Javier Milei ha sido un torbellino de declaraciones explosivas y medidas controvertidas, pero pocas generaron tanto rechazo como su reciente guiño a la narrativa británica sobre las Islas Malvinas. Su postura, que rompe con la tradición diplomática argentina, provocó un sismo en el espectro político y encendió las alarmas entre especialistas en derecho internacional y excombatientes.

El 2 de abril, día de la gesta de Malvinas, Milei pronunció un discurso en el que expresó su deseo de que “los malvinenses nos voten con los pies”, una frase que suena más a resignación que a reivindicación soberana. Al poner el foco en la autodeterminación de los actuales habitantes de las islas, el mandatario argentino validó, de manera implícita, el argumento británico que justifica la ocupación colonial del archipiélago. No fue un desliz: es una claudicación histórica.

Para el gobierno de Milei, la prosperidad económica es la llave que abrirá las puertas de Malvinas. Según su visión, solo convirtiéndose en una «potencia» Argentina podrá aspirar a recuperar el territorio. Mientras tanto, pareciera que la diplomacia argentina se diluye en gestos de sumisión.

Un homenaje exprés y un escándalo diplomático

El acto oficial en homenaje a los caídos en Malvinas fue rápido y hermético. Milei estuvo menos de quince minutos en el cenotafio de Plaza San Martín, pronunció un discurso de seis minutos y se retiró. No hubo contacto con excombatientes ni con familiares de los caídos, que fueron bloqueados por un operativo de seguridad que más pareció un cerrojo. La frialdad del acto solo exacerbó el malestar.

Mientras tanto, en los pasillos de la política, la incomodidad creció. La vicepresidenta Victoria Villarruel, de conocida postura nacionalista, fue una de las primeras en marcar distancia. Su rechazo a la postura del presidente fue tajante, al punto de calificarla como «un límite».

Thatcher en la Casa Rosada

Si algo faltaba para encender más la indignación, fue la revelación de que Milei conserva en su despacho una fotografía de Margaret Thatcher, la misma que ordenó el hundimiento del ARA General Belgrano, un crimen de guerra que costó la vida de 323 argentinos. Para Milei, sin embargo, Thatcher es una referente admirable.

En una reciente entrevista con la BBC, el presidente defendió su fascinación por la ex primera ministra británica: «Hubo una guerra y la perdimos. Eso no significa que no pueda reconocer el talento de quien estuvo enfrente». La justificación no hizo más que reforzar la percepción de que la anglofilia del libertario está por encima de cualquier consideración histórica o patriótica.

Pero el apego de Milei a figuras británicas no termina en Thatcher. También reivindica al economista Friedrich Hayek, quien en plena guerra de Malvinas propuso bombardear territorio argentino para frenar la ofensiva militar. La carta en la que Hayek sugiere esa estrategia está desclasificada y disponible en el sitio de la Thatcher Foundation. La revelación de este documento añadió otro capítulo escandaloso a la relación de Milei con la memoria histórica argentina.

Un cambio de rumbo peligroso

La diplomacia argentina siempre se apoyó en el derecho internacional para sostener el reclamo sobre Malvinas. La posición de Milei, en cambio, desmantela ese andamiaje con una peligrosa mezcla de admiración al Reino Unido y un pragmatismo economicista que deja en segundo plano la soberanía.

El impacto de estas declaraciones y gestos políticos aún está por verse. Pero una cosa es segura: Milei ha abierto una grieta donde antes había consenso. Y en política internacional, las concesiones unilaterales no son símbolo de astucia, sino de debilidad.