ARA San Juan: cinco años entre el dolor y el reclamo por verdad y justicia

 

Este martes 15 de noviembre se cumplirán cinco años del hundimiento del submarino y familiares de las víctimas siguen sosteniendo el reclamo de verdad y justicia.

Desde el 15 de noviembre de 2017, los familiares de los submarinistas montaron guardias interminables en la Base Naval de Mar del Plata a la espera de novedades del ARA San Juan, acamparon en Plaza de Mayo para exigir que continuara la búsqueda y se movilizaron al rayo del sol y también bajo la lluvia sin saber que muchos de ellos eran blanco de espionaje ilegal.

Al cumplirse cinco años del hundimiento, siguen buscando estrategias para atravesar el duelo, sin dejar de sostener su reclamo de verdad y justicia.

Para Marta Vallejos, hermana del suboficial 2° Celso Vallejos, uno de los 44 marinos a bordo del buque en su viaje final, «parece que todo hubiera sido una pesadilla».

«A veces miro hacia atrás y no lo puedo creer. Son sentimientos encontrados. Una piensa en las vigilias, las marchas, la inacción de la Justicia, todo lo que hicimos en medio del sufrimiento para darles a los tripulantes la paz y el respeto que se merecen. Y pasa el tiempo y es un dolor que no se apaga, un puñal en el corazón en medio de una lucha que parece que nunca alcanza», contó Vallejos en diálogo con la agencia Télam.

María Rosa Belcastro, madre del teniente de navío Fernando Villarreal, aseguró que a cinco años del naufragio del buque en el Atlántico Sur, la ausencia de su hijo «se hace cada vez más profunda».

«Es un proceso muy difícil. Es día a día, con la ayuda de psicólogos, psiquiatras. Hay que seguir adelante por el recuerdo de él y de sus compañeros; por su hija, mi nieta, que ya tiene 8 años y sabe que su papá no va a volver», relató.

Belcastro contó que siente «dolor y también bronca» pero sobre todo «una gran necesidad de saber qué fue lo que pasó».

«Todos los familiares queremos lo mismo: no nos vamos a cansar de reclamar verdad y justicia», dijo a Télam.

Andrea Mereles, esposa de suboficial 2° Gabriel Alfaro Rodríguez, expresó que «es una fecha para recordar, que trae muchos momentos fuertes, de todo lo que pasó desde la pérdida de contacto, y también genera mucha angustia».

«Desde el 25 octubre, que fue el aniversario del día que Gabriel se fue de casa, estoy muy acelerada. Si al menos sintiéramos que se hizo justicia quizás sería menos duro, pero cinco años después ni siquiera hay un juicio a la vista y solo tenemos cuatro mandos de la Armada imputados», dijo a Télam.

Mereles pidió, en ese sentido, «avances concretos» en la investigación por el hundimiento que lleva adelante la jueza federal de Caleta Olivia, Marta Yáñez, que continúa en etapa de instrucción.

Los familiares consultados coincidieron en que estos años tuvieron dos capítulos separados: antes y después del hallazgo del casco hundido del buque a 907 metros de profundidad sobre el lecho marino, dos días después del primer aniversario de la desaparición.

El primer año incluyó para muchos semanas e incluso meses de espera en la Base Naval marplatense, muelle natural del submarino, y también marchas por todo el país e incluso un acampe de 50 días en Plaza de Mayo para que el Gobierno de Mauricio Macri aportara los medios para tratar de hallar el submarino clase TR-1700.

En ese contexto, entre enero y junio de 2018, muchos de ellos fueron además espiados de manera ilegal por la Agencia Federal de Inteligencia que por entonces comandaban Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, según una denuncia presentada en septiembre de 2020 por su ex interventora, Cristina Caamaño.

«En nuestro caso, nos espiaron y fotografiaron a todos: a mí, a mi hermana, a mi mamá. Creían que éramos peligrosos, desconfiaban de nosotros, que éramos las víctimas», expresó Vallejos.

El hallazgo del buque en los primeros minutos del sábado 17 de noviembre de 2018 inició la segunda fase para los familiares, en la que cada uno encaró sin hoja de ruta el duelo y el recuerdo de sus hijos, esposos, hermanos.

«Al principio yo anotaba todo en una agenda. Después dejé de hacerlo. Pero el recuerdo es permanente, y cuando quiero reconectarme voy mucho al mar», explicó Belcastro.

En su caso, además, contó que Jorge Villarreal, padre de Fernando, aprovecha las carreras en las que participa como aficionado y corre con alguna remera que recuerde a los tripulantes, como hizo el último domingo 6 en la media maratón de Mar del Plata.

Vallejos contó que mantiene la conexión con su hermano a través de las fotos y la música: «Con él nos llevábamos nada más que un año y medio, y yo miro su foto y siento que está conmigo. Hablo mucho con él. Aunque a mí me gusta el rock, escucho La Nueva Luna como hacía él y es como verlo».

«Yo pienso en Celso y el resto de los chicos y creo que el mejor homenaje, la mejor forma de recordarlos a todos, es que se sepa que pasó y que los responsables lo paguen. Me cuesta creer en la Justicia, pero no pierdo la fe», dijo.

El ARA San Juan perdió contacto a las 7.19 del 15 de noviembre de 2017, ocho horas después de que su jefe de operaciones informara sobre un principio de incendio en un tanque de baterías, provocado presuntamente por el ingreso de agua por el sistema de ventilación mientras navegaba en medio de un temporal, en el marco de una patrulla de mar para tratar de identificar pesqueros ilegales.

Dos días después del primer aniversario de la desaparición, sus restos fueron encontrados por el buque noruego Seabed Constructor, perteneciente a Ocean Infinity, una firma estadounidense especializada en rescates y exploraciones subacuáticas, contratada por el Estado nacional para llevar adelante la búsqueda.

Si bien resta determinar las causas del hundimiento, el estado del casco refutó numerosas versiones que especulaban en torno a un presunto ataque con misiles por parte de una fuerza estatal extranjera, y que se sumaban a cientos de noticias falsas sobre supuestos hallazgos, difundidas especialmente en los días iniciales de la búsqueda.télam