Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas

 

El 2 de abril es la ocasión para homenajear a los soldados que pelearon en Malvinas por su entrega y solidaridad; para conocer qué sucedió en la guerra de 1982 y para reafirmar, una vez más, los derechos soberanos argentinos en el Atlántico Sur.

¿Qué pasó el 2 de abril?
El reclamo que la República Argentina mantiene en torno a la soberanía en las islas Malvinas, las Georgias del Sur, las Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes se remonta a 1833, cuando el Reino Unido usurpó aquellos territorios mediante el uso de la fuerza.

El 2 de abril de 1982, durante la última dictadura que sufrió nuestro país, la Junta Militar ordenó el desembarco de tropas en Malvinas con la idea de que un conflicto con Inglaterra le permitiría “disimular” la crisis económica y social. El conflicto, por el contrario, derivó en una guerra que duró 74 días y concluyó con una derrota que provocó un enorme dolor y fue el principio del fin del terrorismo de Estado.

El 70% de los soldados del Ejército que participaron en la guerra de Malvinas eran conscriptos. Muchos de ellos tenían entre 19 y 20 años y provenían de distintas regiones del país. Combatieron con valentía en condiciones adversas producto de la improvisación de la conducción política y militar.

En los años de la posguerra, si bien no hay cifras oficiales, se calcula que se quitaron la vida más de 400 ex combatientes.

La identificación de los restos de soldados argentinos en el Cementerio de Darwin

La cultura recrea la memoria de Malvinas de múltiples formas. Nombre de calles, escuelas, barrios; murales, placas, monumentos; canciones, libros, películas, poemas; señalética urbana, entre tantos ejemplos, son sostenes de una memoria colectiva destinada a brindar un homenaje a los veteranos y los caídos en la guerra de Malvinas. Este afiche ofrece algunos ejemplos de este fenómeno.

En los primeros años de la posguerra, la sociedad argentina tuvo serias dificultades para elaborar colectivamente el sentido de la guerra de Malvinas. De ahí la importancia de estas tantas expresiones del sentir popular que son, también, producto de la lucha protagonizada por los soldados, los familiares y diversas organizaciones sociales para encontrar palabras, imágenes, narraciones a la experiencia de la guerra.

En ese sentido, en estos días asistimos, en el marco de estas batallas por el reconocimiento social, a una iniciativa de gran importancia para la construcción colectiva de las memorias de la guerra: la identificación de los restos de los soldados que yacen en el Cementerio de Darwin.

Este acontecimiento puede dimensionarse cuando pensamos que algunos de los soldados que son evocados en plazas, escuelas, calles o monumentos no contaban, sin embargo, con una placa con su nombre. Hasta diciembre de 2018, en el Cementerio de Darwin había 121 restos de soldados sin identificar, cuya tumba decía: “Soldado sólo conocido por Dios”.

El proyecto de identificación de los soldados comenzó a cobrar forma en 2010, cuando un grupo de familiares chaqueños, acompañados por organizaciones de ex combatientes, reclamó ante la Justicia que se inicie el proceso de identificación.

En 2011, un fallo de la Cámara Federal reconoció la pertinencia del reclamo como parte esencial del derecho a la verdad. Un año después, el Poder Ejecutivo Nacional firmó un protocolo humanitario con la Cruz Roja Internacional para llevar adelante este proceso, al tiempo que le solicitó a esta misma institución que mediara ante el Reino Unido para que la iniciativa pudiera concretarse.

Un texto de Gustavo Caso Rosendi, ex combatiente y genial poeta, daba cuenta de la necesidad de esta iniciativa: “Solamente saber quién eras./ Qué hacías. / Necesito tu nombre, / aunque no te haya conocido. Te quiero entero, compañero/ Porque es la única manera / que tengo, también,/ para encontrarme”.

Finalmente, en 2016 se produjo el entendimiento entre la Argentina, el Reino Unido y la Cruz Roja Internacional para comenzar con los trabajos de identificación de los restos, que contó con la colaboración del Equipo de Antropología Forense, encargado también de hacer lo mismo con los desaparecidos de la última dictadura. Así, entre junio de 2017 y agosto de 2018 se realizó el trabajo de exhumación de los restos, mientras se avanzaba y profundizaba la toma de muestra de ADN de los familiares, un proceso que había comenzado en 2012.

En diciembre de 2018, se dieron a conocer los primeros resultados de estos trabajos y hoy sabemos, tomando como referencia el mes de marzo de 2019, que se ha podido identificar a 112 soldados.

“Antes era un soldado reconocido por Dios, ahora también nosotros podemos reconocer dónde está”, declaró la madre del soldado Horacio José Echave. “Juramenté que iba a devolverle la identidad y gracias a Dios lo pude hacer”, comentó la madre de Daniel Alberto Ugalde. “Nunca tenía la verdad, ahora la tengo y estoy más tranquila”, agregó la de Luis Alberto Fernández.

Como dejan ver estos testimonios, la identificación de los soldados, además de una deuda histórica con los familiares, es también un acontecimiento que permite reconstruir su historia e inscribirla en la memoria colectiva en base al derecho a la verdad y a la identidad. Son memorias de la guerra, pensadas a partir de una idea de justicia sobre la cual es posible conjugar Malvinas y democracia.