Producción industrial en crisis: cayó 10,2% con Javier Milei
La producción industrial se desplomó más de un 10% durante la actual gestión nacional, con pérdida de 97.000 puestos fabriles y récord histórico de bienes importados.
La producción industrial argentina atraviesa una severa contracción estructural que recortó su volumen un 10,2% promedio durante la administración de Javier Milei en comparación con el ciclo previo, acumulando un retroceso del 1,9% en el primer semestre de 2026. La paralización de líneas productivas, el encarecimiento tarifario y la masiva apertura comercial dejaron a cuatro de cada diez plantas fabriles sin actividad plena, mientras se profundiza el cierre definitivo de establecimientos manufactureros en los principales cordones industriales del país.
El retroceso productivo frente a los registros históricos
El diagnóstico elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a los números del Índice de Producción Industrial (IPI) del Indec ratifica que el sector manufacturero transita un marcado deterioro. En los primeros seis meses de 2026, la actividad fabril se situó un 2,2% por debajo de los registros correspondientes al mismo intervalo de 2025. Al cotejar la media de la actual gestión contra el esquema previo (enero 2022 – noviembre 2023), el atraso consolidado asciende al 8,1%.
La pérdida de dinamismo fabril ubica al país en un escenario crítico a escala global. El desempeño de la manufactura argentina arrojó una merma del 7,9% entre 2023 y 2025, transformándose en el segundo peor registro entre 56 economías monitoreadas a nivel internacional, superado negativamente de manera exclusiva por Hungría.
Capacidad ociosa y derrumbe en ramas metalmecánicas
Uno de los indicadores más evidentes de la recesión fabril reside en la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI). En junio de 2026, el uso de maquinarias e infraestructura alcanzó apenas el 59,1%, ubicándose 9,5 puntos porcentuales por detrás de las cifras registradas en junio de 2023. Este parate implica que el 40,9% del parque instalado en el país permanece inactivo por falta de demanda en el mercado interno y elevados costos de sostenimiento.
Con excepción de la refinación de petróleo, que creció un 5,2% apalancada por los yacimientos no convencionales, y una mejora marginal del 0,3% en alimentos y bebidas, la totalidad de los rubros recortó sensiblemente su operatividad. Los sectores más afectados muestran cifras alarmantes:
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Metalmecánica (sin automotriz): acusó un desplome del 30,9% en el uso de su capacidad operativa instalada.
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Minerales no metálicos: vinculados a la construcción y obra pública, retrocedieron un 30,4% interanual.
Destrucción del empleo formal y quiebre de empresas
El repliegue fabril afectó directamente la nómina de trabajadores asalariados. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, el sector manufacturero perdió 97.312 puestos de trabajo registrados, lo que significa una contracción del 8,0% de su plantilla laboral. En ese mismo período, cerraron 4.020 industrias manufactureras formales (-8,1%), la inmensa mayoría pequeñas y medianas empresas con arraigo territorial.
Esta pérdida de tejido productivo vulnera el empleo de calidad. La manufactura local genera 2,5 millones de empleos directos y representa aproximadamente el 18% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, con condiciones salariales superiores a la media económica. Las pymes, que constituyen el 98% de las firmas y concentran más del 70% del empleo privado, absorben el impacto más agudo ante la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones financieras.
Récord de importaciones en bienes de consumo terminados
La recesión doméstica convive con un marcado crecimiento de productos manufacturados importados. El primer semestre de 2026 consolidó el ingreso más abultado de bienes de consumo final de toda la serie histórica estadística, alcanzando los 5.362 millones de dólares. En el cálculo móvil de los últimos doce meses, estas compras externas treparon a 11.496 millones de dólares.
Apenas diez ramas económicas concentraron el 84,7% del ingreso de estos bienes. En la comparación directa frente al primer semestre de 2023, las importaciones crecieron con fuerza en renglones sensibles:
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Electrodomésticos, baterías y lámparas: alza del 109,2%.
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Prendas de vestir y calzado: incremento del 86,3%.
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Motos, bicicletas y vehículos menores: avance del 67,6%.
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Productos alimenticios procesados: salto del 51,9%.
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Especialidades farmacéuticas: incremento del 27,0%.
Estos cinco grupos explicaron casi la mitad (45,5%) de las importaciones totales de bienes de consumo terminados que ingresaron al país durante la primera mitad del año corriente.
Factores de política económica que explican el retroceso
El informe técnico de CEPA califica este escenario como el resultado de un «sesgo antiindustrial» deliberado en la política macroeconómica. A diferencia de las economías centrales que implementan barreras y subsidios para defender su valor agregado, las medidas oficiales recientes desarticularon los incentivos locales de base.
Entre los factores detonantes convergen la fuerte suba en los cuadros tarifarios de gas y energía eléctrica para plantas fabriles, la derogación formal del régimen de Compre Nacional, la reducción abrupta de los aranceles aduaneros, el corte definitivo de líneas de crédito blando para inversión productiva, la disolución de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa (PyME) y la desfinanciación de los programas estatales de ciencia, tecnología y desarrollo industrial.
El retroceso fabril compromete la densidad productiva de la Argentina, limitando sus ventajas históricas de diversificación en Sudamérica y relegando al entramado fabril frente a un flujo externo que desplaza trabajo calificado nacional.
