Desempleo e informalidad laboral se profundizan en el país
Un estudio del IPyPP revela que la presión efectiva sobre el mercado de trabajo alcanza al 23,7% de la PEA. Tres de cada diez desocupados llevan más de un año sin conseguir empleo.
El panorama del mercado de trabajo argentino expone señales de un deterioro estructural severo. Más allá de los guarismos que muestran las estadísticas oficiales sobre la desocupación abierta, un análisis detallado sobre las condiciones de ocupación evidencia que las fricciones en la economía actual impactan directamente en la estabilidad de los hogares.
De acuerdo con un reciente informe técnico elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), la presión efectiva que ejercen la falta de trabajo y la búsqueda persistente de ingresos involucra a casi una cuarta parte de la fuerza laboral del país, configurando un escenario donde la precariedad y el desempleo prolongado ganan terreno.
El alcance real de la presión sobre el mercado laboral
Aunque los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ubicaron la tasa de desocupación en un 7,8% para el primer trimestre del año, los especialistas advierten que la cifra no refleja la magnitud completa de la fragilidad del sistema. Al procesar la microbase de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el IPyPP calculó que la subutilización total de la fuerza laboral —sumando desempleo abierto y subempleo— alcanza al 19% de la Población Económicamente Activa (PEA).
El indicador se agrava al incorporar a las personas que, pese a tener un trabajo, necesitan activamente cambiar de ocupación o sumar horas para cubrir sus gastos mínimos. Bajo este criterio, la presión efectiva sobre el mercado de trabajo asciende al 23,7%. Si a esta cifra se añade a los ocupados disponibles no demandantes —quienes no buscan de forma activa pero requieren trabajar más—, la disponibilidad total de fuerza laboral insatisfecha roza el 29,4%.
Esta brecha afecta con mayor severidad a ciertos colectivos. En términos de género, las mujeres sufren una tasa de subutilización del 21,5%, en comparación con el 16,9% registrado en los varones, brecha explicada en parte por una tasa de empleo femenino sensiblemente menor (39,1% frente al 50,8% masculino). Asimismo, el segmento juvenil de 18 a 24 años registra los niveles de desocupación más crónicos del relevamiento, situándose en un 19,5%.
Desempleo de larga duración e informalidad estructural
Dentro de las variables de mayor impacto social, el estudio destaca la persistencia del desempleo en el tiempo. Al cierre del período analizado, el 30% de las personas desocupadas —es decir, tres de cada diez— llevaba más de doce meses buscando una inserción en el mercado formal sin lograr resultados positivos. Esta dinámica de desempleo de larga duración genera un proceso de erosión en las cualificaciones de los trabajadores y dificulta su posterior reincorporación.
Paralelamente, la informalidad laboral se consolidó como una de las fallas más pronunciadas del entramado productivo. La imposibilidad del sistema de crear puestos de trabajo con aportes previsionales, cobertura de salud y estabilidad laboral derivó en que la tasa de informalidad general alcance al 44,2% del total de los ocupados.
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Cuenta propistas: Representan una cuarta parte del total de trabajadores, y el 65% de ellos se desempeña dentro del circuito informal.
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Asalariados: Constituyen el 71,8% de los ocupados, registrando un nivel de informalidad del 37,9%. Entre los jóvenes de este grupo, la precariedad trepa al 64%.
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Ámbito privado: Registra un 50,5% de ocupados informales, mientras que en la administración pública la cifra se sitúa en un 10,7%.
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Tamaño del establecimiento: Las unidades productivas pequeñas (hasta cinco empleados) presentan una informalidad del 66%, frente al 30,8% en las medianas y el 13% en las grandes empresas.
Cobre de ingresos rezagados y la expansión del pluriempleo
El estudio del IPyPP pone también el foco en la degradación del poder adquisitivo de las familias ocupadas. Durante el primer trimestre de 2026, el ingreso promedio de los trabajadores se posicionó en torno a los $1.076.056 mensuales, cifra que encubre amplias disparidades según el tipo de inserción dentro del sistema.
Los trabajadores por cuenta propia percibieron un haber medio de $524.000 mensuales, valor que se ubica un 51% por debajo de la media general. Por su parte, los asalariados sin descuento jubilatorio registraron ingresos de aproximadamente $700.000, sufriendo una brecha negativa del 35% respecto del promedio del mercado.
Frente a la insuficiencia de los salarios para cubrir las necesidades del hogar, la pluriocupación se ha extendido como una alternativa extendida de subsistencia. El pluriempleo abarca al 10,4% de la población ocupada total. Esta estrategia para compensar el rezago de los ingresos repercute con mayor fuerza entre las trabajadoras mujeres, donde la tasa llega al 13,7%, en comparación con el 7,9% observado en los trabajadores varones.
El escenario configurado por la alta presión de demanda, el estancamiento de los salarios informales y la pérdida de puestos de calidad perfila un desafío complejo para el desarrollo económico del país. Las dinámicas observadas en el mercado laboral argentino evidencian que el ajuste en las variables socioeconómicas continúa canalizándose mediante una mayor precarización del empleo y una brecha persistente entre los ingresos y el costo de vida.
