El empleo joven, bajo presión: casi 4 de cada 10 sufren inestabilidad laboral en Argentina
Un informe de CITRA-UMET reveló que la fragilidad en el mercado de trabajo ascendió al 34,6%, afectando con especial gravedad a las mujeres menores de 29 años.
El empleo joven en la Argentina atraviesa un escenario de profunda vulnerabilidad y precarización estructural que se viene agudizando de manera sostenida. Un reciente y pormenorizado relevamiento elaborado por el Centro de Innovación de las y los Trabajadores (CITRA-UMET) encendió las alarmas al confirmar que el Índice de Fragilidad Laboral en el país se ubicó en un preocupante 34,6% al cierre de 2025. El estudio advierte que este deterioro del mercado de trabajo no constituye un fenómeno coyuntural reciente, sino que consolida una marcada tendencia ascendente cuyos primeros indicios comenzaron a registrarse en el año 2017. A través de una metodología multidimensional, la investigación expone que el impacto de la crisis golpea de forma asimétrica, ensañándose con mayor fuerza sobre las poblaciones juveniles y, de manera particular, sobre las mujeres.
Para comprender la complejidad del diagnóstico actual, el indicador diseñado por el centro de estudios combina tres dimensiones fundamentales de análisis: el déficit de empleo, la precariedad de las condiciones contractuales y el nivel de pobreza asociado a los ingresos percibidos. De este modo, la medición evita limitarse a la tradicional tasa de desempleo para poner el foco en la calidad real de las inserciones laborales vigentes. Los resultados demuestran que el verdadero problema radica en cómo se trabaja: el Índice de Precariedad Laboral alcanzó al 54,1% de la población ocupada a nivel nacional. En términos prácticos, esto significa que más de la mitad de los trabajadores activos en la economía argentina desarrollan sus tareas bajo condiciones totalmente desprotegidas, careciendo de aportes jubilatorios, cobertura de salud o estabilidad contractual básica.
Jóvenes y mujeres: los eslabones más débiles del sistema
Al desagregar los datos estadísticos por rangos etarios, el informe de CITRA-UMET deja en evidencia la existencia de brechas estructurales sumamente profundas. La fragilidad laboral entre la población que comprende a los jóvenes trepó hasta el 45,7%, estableciendo una distancia sideral respecto al 32,1% registrado entre las personas adultas. La situación se vuelve todavía más acuciante cuando se analiza el segmento específico de las mujeres jóvenes, donde el indicador general de fragilidad se posicionó en un alarmante 45,9%, consolidándose como el nivel más elevado de todo el relevamiento.
Brechas de género y juventud en el mercado laboral
-
Inestabilidad en el puesto: Mientras que el déficit de empleo general en los jóvenes promedia un 37,1%, en las mujeres jóvenes la tasa de inestabilidad escala al 38,5%.
-
Trabajo desprotegido: El Índice de Precariedad Laboral en mujeres menores de 29 años alcanzó el 59,9%. Esto implica de forma directa que 6 de cada 10 se insertan en el sistema sin ningún tipo de derecho laboral garantizado.
-
Trayectorias discontinuas: Casi 4 de cada 10 jóvenes en el país manifiestan severas dificultades para sostener una continuidad laboral a lo largo del año.
Los especialistas que coordinaron la investigación señalaron que estas cifras reflejan las barreras históricas y persistentes que enfrentan las nuevas generaciones para acceder a puestos de trabajo formales y protegidos. Lejos de revertirse, este escenario de exclusión parcial tiende a consolidarse, forzando a los sectores juveniles a aceptar empleos informales, changas o contratos temporales de extrema flexibilización para garantizar su subsistencia diaria.
Menos puestos registrados y mayor presión macroeconómica
Otro de los pilares que explican la agudización del cuadro laboral es la pronunciada caída del empleo asalariado registrado en el sector privado. De acuerdo con los datos oficiales procesados en el informe, a marzo del corriente año ya se contabilizó la pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo formales desde el inicio de la gestión presidencial de Javier Milei. Esta contracción del circuito formal de la economía empuja a los trabajadores hacia la informalidad y el cuentapropismo de subsistencia, desarticulando las trayectorias laborales tradicionales.
El análisis de CITRA-UMET introduce una lectura crítica respecto a las variables macroeconómicas actuales. Advierte que, si bien se registra una desaceleración en los índices inflacionarios mensuales, dicho proceso no ha tenido un correlato directo en la recomposición de los ingresos ni en una mejora de las condiciones generales de vida de la población activa. La destrucción de puestos registrados, sumada a la insuficiencia de los salarios frente al costo real de la vida, configura un escenario de extrema vulnerabilidad para las familias de los trabajadores.
En este marco, el Déficit de Empleo general se posicionó en un 11,2%, un número que supera holgadamente a la tasa de desocupación abierta del último semestre de 2025, la cual se había ubicado en el 7,5%. Para los investigadores del centro de estudios, esta notable brecha estadística demuestra de manera fehaciente que la problemática laboral argentina excede las fronteras del desempleo abierto. El núcleo del conflicto radica en la enorme masa de personas que, aun estando ocupadas, lo hacen en jornadas insuficientes, bajo modalidades inestables o percibiendo ingresos que no logran cubrir las necesidades básicas.
El costo de vida y la brecha de ingresos en los hogares
Finalmente, el documento analiza el impacto del rezago salarial mediante la relación entre los ingresos familiares y la cobertura de la Canasta Básica Total (CBT). La disparidad en la capacidad de consumo y ahorro según el estrato socioeconómico expone una desigualdad de carácter estructural:
| Estrato de Ingresos Familiares | Porcentaje de Ingresos Destinados a la CBT | Margen de Excedente Financiero |
| Hogares no pobres (cercanos a la línea) | 66,2% | Reducido (gasto enfocado en supervivencia básica) |
| Hogares de altos ingresos | 34,6% | Amplio (capacidad de ahorro y consumos diversos) |
Esta asimetría se traduce de manera directa en los niveles de pobreza medidos sobre la población económicamente activa. El Índice de Pobreza e Ingresos general se ubicó en el 38,5%, determinando que 4 de cada 10 trabajadores formales e informales en Argentina se encuentran por debajo de la línea de la pobreza. Nuevamente, al poner el foco sobre el empleo joven, la estadística empeora de forma drástica, alcanzando un pico del 41,3% de trabajadores pobres en dicho rango de edad.
El panorama planteado por CITRA-UMET concluye que el mercado laboral argentino transita por un sendero de precarización transversal. El empleo disponible en la actualidad ha dejado de funcionar como un mecanismo automático de ascenso social o de inclusión garantizada, perdiendo su capacidad de asegurar una vida digna y cobertura de previsión social. El gran desafío macroeconómico y político de la Argentina actual no radica únicamente en la estimulación estadística para la creación de nuevos puestos de trabajo, sino en el diseño de políticas públicas que permitan recuperar de manera urgente la estabilidad contractual, la protección social de las leyes laborales y un nivel de ingresos con verdadero poder adquisitivo.
