Inflación de alimentos: la tercera semana de mayo registra la suba más alta desde el inicio de la gestión de Milei
El relevamiento de la consultora LCG expone un fuerte repunte del 2,6% semanal en la canasta básica, impulsado principalmente por los marcados incrementos en las carnes y las verduras.
La inflación de alimentos sufrió una severa y repentina aceleración durante la tercera semana de mayo, quebrando la tendencia de desaceleración que el equipo económico nacional intentaba consolidar como su principal bandera de gestión. De acuerdo con el último informe de la consultora privada LCG, el rubro de alimentos y bebidas experimentó un preocupante salto del 2,6% en comparación con la semana previa. Este alarmante porcentaje representa el incremento sectorial más elevado para una sola semana desde la histórica megadevaluación implementada al comienzo del mandato del presidente Javier Milei, encendiendo luces de alerta en el entramado social por el impacto directo en los sectores más vulnerables.
El brusco cambio de tendencia rompe con la calma cambiaria y comercial que se venía registrando en las dos primeras semanas del mes, períodos en los cuales las variaciones de precios en las góndolas habían sido prácticamente nulas o incluso marginalmente negativas en cadenas mayoristas y minoristas. El fenómeno actual responde a una fuerte presión de costos focalizada en bienes de primera necesidad, lo que podría condicionar la evolución del índice general de precios que mide el organismo oficial de estadística, justo cuando el Gobierno busca anclar las expectativas de la economía en niveles mensuales cada vez más bajos.
Los motores del incremento: carne, verdura y panificados
El pormenorizado análisis del estudio privado demuestra que la suba de la inflación de alimentos estuvo explicada en más de la mitad de su volumen por el comportamiento específico de dos categorías esenciales de la canasta alimentaria: las carnes y las verduras. Las primeras registraron un incremento semanal promedio del 4,5%, un salto significativo si se considera que el sector cárnico arrastraba varios meses de relativa estabilidad en los mostradores debido a la estrepitosa caída del consumo interno y la pérdida generalizada del poder de compra de la población.
Por su parte, el segmento de las verduras experimentó una fuerte disparada del 7,7% semanal, un comportamiento habitualmente ligado a factores estacionales y de logística productiva, pero que en este contexto socioeconómico ejerce una presión intolerable sobre los presupuestos familiares. Detrás de estos dos componentes mayoritarios se ubicaron los productos de panificación, cereales y pastas con un avance del 2,2%, seguidos muy de cerca por los productos lácteos y los huevos, que anotaron un incremento del 1,5% en apenas siete días.
Menor dispersión de precios pero con mayor impacto real
Un dato metodológico relevante que aporta el documento elaborado por LCG es que el porcentaje de productos de la canasta que sufrieron variaciones al alza se mantuvo estable en un 16% del total del universo relevado, una cifra que se encuentra en perfecta sintonía con los registros de las semanas precedentes. Sin embargo, los técnicos de la consultora explicaron que las modificaciones de precios presentaron una menor dispersión y una menor presencia de valores extremos en comparación con la medición previa.
Esto significa que, si bien no se observó una remarcación masiva o descontrolada de todas las etiquetas en los supermercados y comercios de cercanía, los aumentos puntuales se concentraron con mucha fuerza en alimentos que poseen una ponderación sumamente alta en la dieta cotidiana de los hogares argentinos. La contundencia de las subas en carne vacuna, pollo, verduras frescas y panificados bastó para arrastrar hacia arriba el promedio general de la semana, neutralizando los esfuerzos de contención aplicados en otros sectores de consumo masivo.
La persistencia de las presiones en el mediano plazo
A pesar del fuerte pico registrado en la tercera semana de mayo, la inflación promedio de las últimas cuatro semanas móviles se mantuvo anclada en un 2,7%, una cifra idéntica a la registrada en los cortes anteriores. Al evaluar el comportamiento acumulado de ese último mes, se observa con claridad que las presiones inflacionarias continúan fuertemente concentradas en los bienes de consumo más sensibles y de nula elasticidad.
Entre los principales aumentos acumulados durante el último mes completo bajo análisis se destacan:
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Productos lácteos y huevos: un incremento acumulado del 7,7%.
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Aceites y grasas esenciales: una suba consolidada del 4,6%.
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Bebidas de consumo masivo e infusiones: un avance del 3,6%.
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Panificados, cereales y pastas secas: una variación del 1,9%.
Esta persistencia demuestra que los alimentos esenciales siguen mostrando movimientos abruptos y descoordinados, incluso en aquellas semanas donde las tarifas de servicios públicos o el valor de los combustibles exhiben un sendero de variación mucho más contenido.
Desafíos para el plan de estabilización del Gobierno
La dinámica de precios de la tercera semana del mes expone las profundas tensiones que enfrenta el plan de estabilización económica. Mientras la administración central centra sus esfuerzos en mantener el dólar oficial bajo un esquema de devaluación controlada y restringe la emisión monetaria, los precios de los alimentos responden a dinámicas propias de la cadena productiva interna, la intermediación comercial y la recomposición de márgenes de ganancia empresaria.
El principal riesgo de este nuevo panorama radica en que los alimentos continúen encareciéndose por encima de los ingresos promedio de los asalariados informales y registrados. Si la tendencia de la tercera semana de mayo logra extenderse al cierre del mes, el proceso de desinflación podría encontrar un piso difícil de perforar en el corto plazo, postergando la ansiada reactivación del mercado interno y complejizando el escenario social para el segundo semestre del año.
