Inflación mayorista trepó al 5,2% en abril y presiona sobre los precios

El Índice de Precios Internos al por Mayor aceleró su marcha impulsado por la energía. El indicador enciende las alarmas en la cadena de costos y condiciona la baja minorista.

La inflación mayorista trepó al 5,2% en abril de 2026, lo que representó una aceleración de 1,8 puntos porcentuales respecto al 3,4% registrado en marzo. El dato, oficializado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), enciende las alarmas en el sector productivo y comercial, ya que el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) encadenó su segundo mes consecutivo al alza. Esta tendencia demuestra que la presión de costos en los eslabones previos al consumidor final no cede y amenaza con trasladarse de forma diferida a las góndolas en los meses venideros.

El comportamiento del IPIM contrasta con la narrativa oficial de desaceleración. Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril registró una desaceleración al 2,6% mensual, los precios mayoristas corrieron muy por encima de esa cifra. En términos interanuales, el indicador mayorista acumuló un incremento del 30,8%. La brecha entre ambos índices sugiere que el alivio inflacionario celebrado por el Gobierno podría ser transitorio, supeditado a la velocidad con la que los eslabones intermedios trasladen sus nuevos costos al público.

El petróleo como motor de la aceleración industrial

El principal componente detrás del salto inflacionario en el sector mayorista fue nuevamente el rubro de combustibles y materias primas básicas. Específicamente, el segmento de petróleo crudo y gas registró una suba mensual del 22,9%. Este comportamiento consolida una tendencia alcista que ya se había manifestado con fuerza en el índice de marzo, cuando el mismo sector había trepado un 27,3%.

La persistencia de estos incrementos está estrechamente ligada a factores geopolíticos internacionales. El conflicto bélico en Oriente Medio y las tensiones logísticas derivadas del cierre del estrecho de Ormuz han encarecido los valores globales de la energía. Al estar los precios internos de los hidrocarburos vinculados a las cotizaciones internacionales, el impacto en la estructura local de costos resulta inmediato.

La energía se consolidó así como el vector central de la inflación mayorista. Esto genera un efecto derrame potencial sobre los costos logísticos, el transporte de cargas y los procesos de fabricación en toda la cadena industrial. Analistas económicos advierten que el traslado de estos insumos al IPC no es instantáneo, sino que opera con un rezago de semanas. Esta presión latente es la que todavía no se refleja en su totalidad en la medición minorista.

El relato oficial frente a la realidad de los costos

El Poder Ejecutivo intentó consolidar una lectura optimista basada exclusivamente en la desaceleración del índice minorista. Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, destacaron el IPC del 2,6% como una confirmación de que el programa económico está controlando las variables nominales. Sin embargo, cuando la inflación mayorista trepó al 5,2%, esa interpretación quedó bajo cuestionamiento desde la perspectiva técnica de la formación de precios.

Cuando los bienes intermedios, la energía y las materias primas se encarecen en el inicio de la cadena, las empresas tienden a absorber el impacto inicialmente recortando márgenes de ganancia. No obstante, a mediano plazo, la necesidad de recomposición financiera obliga a trasladar esos incrementos a las listas de precios finales. Consultoras privadas como LCG ya documentaron esta dinámica, señalando que la brecha decreciente entre el IPIM y el IPC limita la capacidad de los comercios para seguir amortiguando los costos sin indexar sus productos.

Tarifazos y vulnerabilidad estructural del modelo

El escenario de abril se inscribe en un proceso de ajuste de precios relativos que lleva más de dos años. Según informes del Instituto de Investigación en Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET, las tarifas de servicios públicos y transporte acumularon subas superiores al 525% desde fines de 2023. En el detalle, el transporte de cargas y pasajeros lideró las subas con cerca del 912%, seguido por el gas con un 748% y la electricidad con un 339%. Estos incrementos fijos impactan de manera transversal en el IPIM.

Por otra parte, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) mostró una variación interanual del 32,8% en las mediciones recientes del INDEC. Esto evidencia que la inflación estructural en los bienes de primera necesidad continúa afectando el poder adquisitivo, a pesar de las fluctuaciones mensuales a la baja en el índice general.

La dependencia de los precios internos respecto de los shocks externos de los hidrocarburos expone una paradoja estructural. Argentina cuenta con el potencial productivo no convencional de Vaca Muerta; sin embargo, la política de alineación con los precios internacionales traslada las crisis globales directamente a la matriz productiva local, encareciendo el transporte y la manufactura doméstica.

Perspectivas para el próximo trimestre

De cara al segundo trimestre del año, el principal desafío del Ministerio de Economía será contener la transmisión del índice mayorista hacia el consumidor. Si las industrias y los distribuidores no logran absorber el incremento del 5,2% de abril, la inflación minorista de mayo y junio podría experimentar un rebote, interrumpiendo la tendencia a la baja que el Gobierno busca capitalizar políticamente. La evolución de la cadena de costos determinará si el IPC actual representa una estabilización genuina o apenas una tregua temporal en la crisis de precios.