Actividad textil en picada: la industria enfrenta una caída del 33% interanual
La producción textil argentina retrocede profundamente ante el desplome del consumo interno, la apertura de importaciones y una alarmante pérdida de puestos de trabajo que afecta a todo el sector.
La industria textil argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos de la última década. Según el último informe económico de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad del sector registró en febrero una caída interanual del 33,2%. Esta cifra triplica largamente el retroceso de la industria general, que fue del 8,7%, lo que posiciona al rubro textil como el principal damnificado de la actual recesión económica. El escenario combina un consumo interno debilitado por la pérdida del poder adquisitivo con una política de desregulación de importaciones que ha dejado a las fábricas locales en una situación de extrema vulnerabilidad.
Un sector con capacidad ociosa récord
El desplome de la producción tiene su correlato directo en el uso de las instalaciones. La Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) en el sector textil apenas alcanzó el 40% en el segundo mes del año. Esto significa que seis de cada diez máquinas en las fábricas argentinas permanecieron apagadas. En perspectiva, este dato se sitúa 6,5 puntos porcentuales por debajo de febrero de 2025 y más de 10 puntos por debajo de la media de la industria nacional (54,6%).
Esta parálisis operativa no es un fenómeno aislado de un mes, sino una tendencia consolidada. Durante el bienio 2024-2025, el promedio de inactividad fue similar, llegando incluso a picos del 70% de maquinaria detenida en los meses más recientes. Como consecuencia lógica de la falta de demanda y la baja rotación de stock, la inversión en maquinaria nueva retrocedió un 11%, ya que las empresas priorizan la supervivencia financiera sobre la modernización tecnológica en un contexto de incertidumbre.
El drama del empleo y la crisis social
Uno de los puntos más alarmantes del informe de FITA es el impacto en el mercado laboral. Desde finales de 2025, los sectores de textil, confección, cuero y calzado han perdido, en promedio, 1.400 puestos de trabajo cada mes. Si se analiza el periodo extendido desde fines de 2023, la pérdida acumulada supera los 21.000 empleos formales. Solo en enero de 2026, la comparación interanual arrojó 12.000 trabajadores menos en las planillas del sector.
La caída del empleo responde a la imposibilidad de las empresas de sostener estructuras de costos frente a ventas que no repuntan. La indumentaria y los textiles para el hogar han pasado a ser considerados bienes no esenciales por gran parte de la población, cuyo ingreso disponible se destina prioritariamente a alimentos y servicios básicos. Celina Pena, Gerenta General de FITA, advirtió que la pérdida de empleo es la cara más amarga de una industria que opera muy por debajo de su potencial.
El desafío de las importaciones y la apertura comercial
La crisis se ve profundizada por lo que la cámara sectorial define como una «brusca apertura comercial». Las estadísticas oficiales muestran un aumento del 104% en la importación de prendas terminadas en cantidad. Este flujo de mercadería extranjera, impulsado por la administración de Javier Milei, compite directamente con la producción local en un mercado que ya se encuentra achicado por la recesión.
Para los industriales, la falta de «condiciones de competencia justas» es el principal obstáculo. Mientras los costos internos (energía, logística y tributos) continúan al alza, la entrada de productos terminados —muchas veces provenientes de mercados con subsidios o condiciones laborales precarias— termina por desplazar al producto nacional de las góndolas y vidrieras.
La exportación como tabla de salvación
En medio de este panorama sombrío, surge un dato positivo: en el primer trimestre de 2026, las exportaciones del sector crecieron un 143%. Este incremento es el resultado de un proceso de reconversión estratégica que las empresas iniciaron años atrás para ganar competitividad internacional. La inserción en mercados externos ha permitido que algunas firmas mantengan niveles mínimos de actividad, compensando parcialmente la anemia del mercado local.
Sin embargo, desde FITA aclaran que el éxito exportador no es suficiente para salvar al conjunto del ecosistema textil. «Ese esfuerzo por sí solo no alcanza para revertir la situación actual; se necesitan medidas que permitan nivelar la cancha», señaló Pena. La competitividad externa demuestra que la industria argentina es capaz, pero la sostenibilidad del empleo depende, en última instancia, de la recuperación del mercado doméstico.
Perspectivas de un cierre complejo
La actividad textil enfrenta un horizonte de corto plazo sumamente desafiante. La combinación de una UCI baja, despidos mensuales constantes y una apertura importadora agresiva pone en jaque a las pequeñas y medianas empresas de confección. La industria reclama una planificación que contemple no solo la eficiencia fiscal, sino también la protección del valor agregado nacional y la preservación de los miles de hogares que dependen de este eslabón productivo. Sin una recuperación del salario real y un marco regulatorio que equilibre el comercio exterior, el tejido industrial argentino corre el riesgo de sufrir un daño estructural difícil de remendar.
