Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa

Un relevamiento exclusivo detalla los precios del pescado para esta festividad religiosa, donde el filete de merluza alcanza los $13.900 y opciones exclusivas como el salmón superan los $39.000.

En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas, aunque este año el rito religioso enfrenta la dura realidad de la crisis económica. La tradición litúrgica de evitar las carnes rojas impulsa una demanda estacional que, en un contexto de caída del poder adquisitivo, transforma productos básicos en artículos de difícil acceso. Con precios que muestran una brecha abismal entre especies, los consumidores se ven obligados a renegociar sus costumbres frente al mostrador, priorizando el ahorro sobre la variedad.

La radiografía de los precios en el mostrador

Un relevamiento detallado realizado en comercios especializados como la pescadería Santa Bárbara permite observar la magnitud del impacto en el bolsillo. Los valores actuales reflejan una segmentación marcada, donde el filete de merluza, histórico aliado de la mesa familiar, ya se comercializa a $13.900 el kilo. Esta cifra se repite para otras variedades populares como la lisa, mientras que el pollo de mar y el pejerrey se ubican levemente por debajo, rondando los $11.800 y $10.900 respectivamente.

Sin embargo, el salto hacia las opciones premium es prohibitivo para el salario promedio. El salmón rosado encabeza la lista con un valor de $39.000 el kilo, seguido de cerca por la trucha a $33.900. Incluso platos elaborados, como la paella de mariscos, alcanzan los $40.000, posicionándose como un lujo de nicho. Por otro lado, las soluciones rápidas como la media docena de empanadas de pescado congeladas se venden a $12.900, una alternativa que busca captar al consumidor que intenta sostener la tradición con un presupuesto acotado.

Estrategias comerciales frente a la caída del consumo

A diferencia de otros años donde la especulación estacional dictaba los precios, algunos comerciantes han optado por una estrategia de contención para no espantar a la clientela. Diego, propietario de un local del sector, destaca que la clave para sostener las ventas es evitar remarcaciones de último momento. Al recibir mercadería directa desde Mar del Plata, logra eludir ciertos costos de intermediación que suelen encarecer el producto final en fechas críticas.

“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”, explica el comerciante, reconociendo que el volumen de compra ha cambiado. Ya no se trata de llevar «por kilo» sin mirar la balanza, sino de calcular exactamente lo necesario para cumplir con el rito del Viernes Santo. Esta postura busca fidelizar a un usuario que, ante el menor aumento, opta por abandonar el consumo o reemplazar el pescado por pastas o legumbres, rompiendo la inercia histórica de la fecha.

El impacto en la tradición y el cambio de hábitos

El fenómeno de los precios del pescado no solo afecta la economía doméstica, sino que erosiona una de las prácticas culturales más arraigadas del país. Ante el escenario actual, se observan tres tendencias claras en el comportamiento del consumidor:

  • Priorización de cortes económicos: La merluza y el pejerrey concentran casi la totalidad de las consultas.

  • Reducción del volumen: Las familias compran por unidad o por gramaje específico, eliminando el excedente.

  • Migración hacia congelados: Los productos procesados ganan terreno por su precio fijado con antelación y su facilidad de fraccionamiento.

Lo que históricamente fue una práctica de cumplimiento masivo, hoy aparece condicionado por la capacidad de compra. La pulseada entre la demanda estacional y la realidad del bolsillo marca una Semana Santa atípica, donde el esfuerzo comercial por mantener los precios compite contra una inflación que no da tregua.