El mercado laboral en crisis: aumenta la búsqueda de empleo ante una oferta que se contrae
Casi el 23% de la población activa atraviesa una crisis laboral en Argentina, mientras 3,7 millones de empleados buscan activamente un segundo trabajo o más horas para llegar a fin de mes.
La fragilidad del sistema económico argentino ha comenzado a manifestarse con crudeza en el mercado de trabajo al cierre de 2025 y el inicio de 2026. Según los últimos datos relevados, la tasa de desocupación alcanzó el 7,5%, pero el dato más alarmante no es solo quienes carecen de empleo, sino la presión ejercida por aquellos que, aun estando ocupados, necesitan desesperadamente mejorar sus ingresos. Actualmente, un tercio de la población económicamente activa se encuentra en una búsqueda constante, marcando un cambio de clima social y económico donde el salario ha dejado de ser una garantía de estabilidad.
Radiografía de una presión laboral en ascenso
El escenario actual revela que la población económicamente activa (PEA) se mantiene estable en torno a los 14,60 millones de trabajadores, con una tasa de actividad del 48,6%. Esto indica que no ha habido un retiro masivo de personas del mercado, sino un desequilibrio profundo por el lado de la demanda. La economía no solo ha dejado de generar nuevos puestos, sino que ha destruido empleo neto, bajando la tasa de ocupación del 45,4% al 45%.
Esta situación ha dado lugar a lo que el IERAL de la Fundación Mediterránea denomina «ocupados demandantes». Se trata de personas que trabajan, pero cuyos ingresos resultan insuficientes frente a la inflación y el costo de vida. En Córdoba, el panorama es particularmente crítico: la presión laboral alcanza el 35,4%, lo que significa que más de uno de cada tres cordobeses tiene problemas de empleo o de ingresos.
Informalidad y subocupación: el refugio de la precariedad
La dualidad del mercado laboral argentino se acentúa. Casi la mitad de los trabajadores opera hoy por fuera de los marcos formales, careciendo de aportes jubilatorios y cobertura de salud. A esta informalidad, que creció un 30%, se suma una tasa de subocupación del 11,3%, que refleja a quienes trabajan menos horas de las que desean y necesitan.
En este contexto, la figura del monotributista ha alcanzado un máximo histórico con más de 4,7 millones de adheridos. Si bien este régimen se consolida como una alternativa a la informalidad total, la realidad detrás del número es precaria: el 85% de estos trabajadores se concentra en las categorías más bajas del escalafón, y para 2 millones de ellos, el monotributo es su ocupación principal y única fuente de sustento.
Jóvenes y brecha de talento: los desafíos estructurales
El impacto de la crisis no es uniforme. Los más afectados son los jóvenes de entre 14 y 29 años, donde la desocupación subió más de tres puntos porcentuales en el último año, tanto en varones como en mujeres. Es el segmento de mayor vulnerabilidad, caracterizado por una inserción precaria y una altísima rotación.
Por otro lado, existe una paradoja persistente: mientras la oferta de mano de obra sobra en niveles operativos, las empresas enfrentan una escasez crítica de perfiles calificados. La demanda se concentra en sectores estratégicos como:
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Tecnología: Desarrolladores de software, expertos en IA y ciberseguridad.
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Energía y Minería: Ingenieros industriales, eléctricos y químicos.
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Salud: Enfermeros e instrumentadores quirúrgicos.
Conclusión
El frente laboral argentino atraviesa una transformación preocupante. Ya no se trata únicamente de combatir el desempleo abierto, sino de abordar una crisis de ingresos que empuja a millones de personas a una búsqueda incesante de estabilidad que el mercado actual no puede ofrecer. Sin una recuperación de la inversión que absorba la demanda de trabajo calificado y formalice la economía, la tensión social en los principales centros urbanos —donde ya hay más de un millón de desocupados— continuará en ascenso.
