Se dispara la cantidad de choferes de app como refugio ante la crisis

La Asociación de Choferes de Aplicación advierte una saturación del sector con más de 500.000 trabajadores. Profesionales y jubilados se suman al servicio para intentar cubrir el costo de vida.

El paisaje urbano de las principales ciudades argentinas ha mutado en el último año, convirtiéndose en el reflejo motorizado de la crisis económica. Según datos de la Asociación de Choferes de Aplicación (ACAURA), el sector experimentó una «explosión» que sumó a más de 100.000 nuevos prestadores en los últimos doce meses, alcanzando un universo superior al medio millón de trabajadores. Lo que antes era una opción de empleo flexible se ha transformado en un «volante de emergencia» para profesionales, docentes, policías y jubilados que no logran llegar a fin de mes con sus ingresos principales.

Pablo León, titular de ACAURA, describe un escenario de saturación donde la rentabilidad ha caído a niveles críticos. «La mayoría está trabajando a pérdida», asegura, señalando que la facturación horaria se ha estancado en valores de marzo de 2025 (entre $10.000 y $12.000), mientras que los costos operativos de mantenimiento, combustible y vida cotidiana han seguido su escalada inflacionaria.

El perfil del «chofer por necesidad»

La heterogeneidad de quienes hoy conducen para plataformas como Uber, DiDi o Cabify es un indicador del deterioro del empleo formal. Ya no se trata solo de desocupados; el fenómeno alcanza a:

  • Profesionales y estatales: Abogados, médicos y docentes que destinan sus horas de descanso a manejar para suplementar salarios erosionados.

  • Adultos mayores: Jubilados que ven en el auto una vía para compensar haberes previsionales que perdieron poder de compra.

  • Alquiladores de flota: Personas que, ante la falta de capital propio, alquilan vehículos para trabajar, reduciendo aún más su margen de ganancia.

Un chofer que cumple una jornada de 10 horas diarias puede facturar unos $2.500.000 al mes, pero la mitad de ese ingreso se diluye en costos fijos y variables. El resultado neto es un salario similar al de un empleado de comercio, pero con la carga de la amortización del vehículo y la ausencia total de beneficios sociales.

Un vacío legal que precariza

La crítica desde el sector apunta directamente a la falta de un marco regulatorio y a las consecuencias de la reciente reforma laboral. Para los trabajadores de aplicaciones, la desregulación promovida por el gobierno de Javier Milei no ha traído libertad, sino una validación de la precarización. Al ser considerados «socios» o «emprendedores», los choferes carecen de ART, vacaciones pagas u obra social, quedando desamparados ante accidentes o enfermedades.

Desde ACAURA exigen la creación de una mesa de diálogo con el Gobierno y las empresas para establecer reglas claras: seguros específicos, una categoría fiscal propia en el Monotributo y la exigencia de carnets profesionales. «No se puede dejar a la fuerza laboral más grande del país librada a la nada», sentenció León.

La subsistencia sobre ruedas

El crecimiento del parque de choferes de aplicación no es síntoma de vitalidad económica, sino de una economía de supervivencia. En un mercado saturado, donde la oferta de viajes supera con creces la demanda solvente, el sistema comienza a canibalizarse. Sin una regulación que equilibre la competencia y garantice derechos mínimos, el sector corre el riesgo de convertirse en un sumidero de valor donde miles de argentinos desgastan su patrimonio y su salud solo para sostener el día a día.