El colapso de la asistencia: la AUH ya no cubre ni la mitad de la canasta alimentaria básica
Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA advierte que la cobertura de las asignaciones cayó del 71% al 39% en solo cuatro meses, profundizando la indigencia.
La red de contención social en Argentina atraviesa su momento más crítico desde la creación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en 2009. Lo que el Gobierno nacional presenta como un incremento histórico en términos nominales, la realidad de las góndolas lo traduce en una pérdida drástica de capacidad de compra. Según los últimos datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), la combinación de la AUH y la Tarjeta Alimentar para un hogar tipo pasó de cubrir el 71% de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) en noviembre de 2024 a un magro 39% en febrero de este año.
Este desfasaje revela que el auxilio estatal ha dejado de ser una garantía de seguridad alimentaria para convertirse en un ingreso marginal que no alcanza a cubrir ni siquiera un tercio de la Canasta Básica Total (CBT), la cual incluye servicios y bienes no alimentarios esenciales. Para las familias que dependen de estas transferencias, la brecha entre lo que perciben y lo que necesitan para no ser indigentes se ha vuelto un abismo difícil de salvar.
La trampa de la nominalidad y la inflación de «canasta»
El discurso oficial, encabezado por el presidente Javier Milei, resalta aumentos superiores al 490% en la AUH respecto a los valores de 2023. Sin embargo, el análisis técnico del ODSA-UCA desmorona este optimismo al señalar que se trata de variaciones nominales que no consideran el efecto erosivo de la inflación, especialmente en el rubro de alimentos. Por quinto mes consecutivo, la canasta alimentaria ha aumentado por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC), castigando con mayor dureza a los sectores más vulnerables.
A esto se suma una advertencia metodológica preocupante: las mediciones oficiales del INDEC utilizan patrones de consumo basados en encuestas de hace dos décadas (2004/2005). Si se aplicaran criterios actualizados (ENGHo 2017/2018), que reflejan mejor los gastos actuales de los hogares, el costo de vida resultaría entre un 40% y un 55% más alto. En ese escenario de «realidad pura», la cobertura de los programas sociales caería entre 6 y 10 puntos porcentuales adicionales, dejando a miles de familias en una situación de desprotección total.
Insolvencia estructural: vivir para pagar la comida
La contracara de la insuficiencia de los ingresos es un endeudamiento que ha batido récords históricos. El informe destaca que el 91,7% de los hogares argentinos está endeudado, pero la calidad de esa deuda ha mutado hacia una forma de supervivencia. Ya no se toma crédito para comprar un electrodoméstico o mejorar la vivienda; el 61% del uso de tarjetas de crédito se destina hoy exclusivamente a la compra de alimentos.
El fenómeno, descrito por los especialistas como «sobreendeudamiento», muestra que el 23,5% de los hogares ya acumula más de tres deudas simultáneas. El crédito ha dejado de ser una herramienta de progreso para transformarse en un esquema de supervivencia permanente donde se prioriza lo urgente (comer hoy) sobre lo importante (salud, educación o servicios), sectores de los cuales muchas familias de clase media están siendo expulsadas forzosamente.
Un escenario de insolvencia
Argentina no enfrenta una crisis financiera transitoria, sino un proceso avanzado de insolvencia estructural de los hogares. Con el 37% de las familias manifestando la imposibilidad absoluta de saldar sus deudas y una judicialización creciente de la morosidad, el riesgo de una fractura social permanente es inminente. La AUH, que nació para ser un piso de dignidad, hoy apenas funciona como un paliativo insuficiente ante una crisis que devora ingresos y esperanzas por igual.
