Alarma en la City por la morosidad: el sistema financiero enfrenta su mayor crisis desde 2001

La irregularidad en los préstamos a familias alcanzó el 10,6% en enero, con picos del 27% en el sector no bancario. El caso de Ualá genera debate por el impacto de los balances y las tasas reales.

El sistema financiero argentino atraviesa un proceso de estrés crediticio que no registraba antecedentes similares desde la salida de la Convertibilidad. Según datos procesados de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), la morosidad en los créditos a los hogares encadenó quince meses de subas consecutivas, situándose en el 10,6% al inicio de 2026. La situación es sensiblemente más grave en las Entidades No Financieras (proveedores de crédito no bancarios), donde la irregularidad ya perforó el techo del 27%, reflejando la asfixia financiera que padecen las familias ante la caída del poder adquisitivo y el costo del dinero.

El «Caso Ualá» bajo la lupa del mercado

En los últimos días, el ecosistema fintech se vio sacudido por la viralización de un informe del analista Igor Ayuso, quien, basándose en registros oficiales, señaló que la morosidad de Ualá rozaría el 40% de su cartera general, llegando incluso al 63% en su unidad de negocios no financieros. Estas cifras encendieron las alarmas en la City porteña, obligando a la empresa dirigida por Pierpaolo Barbieri a emitir una aclaración técnica sobre la composición de sus activos.

Desde la compañía explicaron que el indicador está «distorsionado» por un cambio en su modelo de negocios y criterios contables. Ualá discontinuó la originación de créditos peer-to-peer y migró su cartera de mayor calidad a su unidad bancaria (Uilo). Esto dejó en la estructura residual únicamente los créditos antiguos y en mora, sin nuevos préstamos que equilibren el promedio. Además, señalaron que, a diferencia de los bancos tradicionales, aún no han aplicado la práctica de write-off (eliminación de incobrables del balance), lo que mantiene los números rojos visibles en los reportes del BCRA.

Tasas asfixiantes y el peso real de la deuda

El fenómeno de la mora tiene una raíz macroeconómica clara: el costo financiero. Si bien las tasas nominales han mostrado una tendencia a la baja, en términos reales la carga para el deudor es crítica. Mientras que en los bancos la Tasa Efectiva Anual (TEA) real ronda el 40%, en las entidades no bancarias este número escala al 150%.

Al sumar seguros, comisiones e impuestos, el Costo Financiero Total (CFT) puede alcanzar topes del 350% anual. Este escenario genera una «trampa de deuda»: si la inflación se desacelera más rápido que las cuotas pactadas, el peso real de la obligación mensual aumenta, dificultando aún más la capacidad de repago de los hogares que ya destinan gran parte de sus ingresos a servicios básicos.

Perspectivas: un mercado en retracción

Gigantes del sector como Tarjeta Naranja y Mercado Libre, que dominan el 60% del mercado no bancario, también han reportado incrementos en sus índices de irregularidad. Esta tendencia ha derivado en un endurecimiento generalizado de las políticas de otorgamiento de crédito. Las entidades están priorizando la solvencia sobre el volumen, lo que se traduce en una menor oferta de financiamiento para los sectores de ingresos medios y bajos.

El mercado aguarda con expectativa el informe consolidado de bancos que el BCRA publicará a finales de marzo. Sin un alivio real en las tasas y una recuperación del salario real, el sistema corre el riesgo de consolidar un escenario de exclusión crediticia. La paradoja es evidente: en un momento donde la economía argentina requiere del crédito para reactivarse, la morosidad récord actúa como un freno de mano para cualquier intento de recuperación del consumo.