Crisis industrial: las empresas afectadas por la apertura importadora

La desregulación del comercio exterior y la caída del consumo interno fuerzan un cambio de modelo en la industria argentina, provocando cierres de plantas, despidos y suspensiones masivas.

La industria argentina atraviesa uno de sus momentos más desafiantes ante la combinación de una apertura importadora irrestricta y un mercado interno deprimido. Bajo la gestión de Javier Milei, el entramado productivo local enfrenta una tormenta perfecta: costos de producción elevados y una pérdida sistemática de competitividad frente a productos extranjeros. Este escenario ha empujado a empresas emblemáticas a abandonar la fabricación nacional para reconvertirse en importadoras, un proceso que deja tras de sí un tendal de despidos, retiros voluntarios y fábricas que hoy funcionan como meros centros de logística y distribución.

El fin de la fabricación local: el caso Lumilagro y Moura

Uno de los síntomas más alarmantes de la actual coyuntura es la decisión de firmas históricas de desmantelar sus procesos productivos básicos. Lumilagro, un símbolo de la manufactura nacional, ha decidido cesar la producción de ampollas de vidrio en el país. A partir de ahora, la empresa abastecerá su demanda con insumos provenientes de China, India y Vietnam. Esta decisión no es aislada; responde a una estructura de costos que hace inviable competir con la escala asiática en un contexto de nula protección arancelaria.

En una línea similar, la empresa Moura ha procedido al cierre de líneas de producción locales. La firma, especializada en acumuladores eléctricos, ha optado por traer baterías terminadas desde Brasil en lugar de sostener el ensamblado en plantas argentinas. Estas determinaciones empresariales ilustran un cambio de paradigma: la rentabilidad ya no se busca a través del valor agregado local, sino mediante la intermediación comercial de bienes producidos en el exterior.

Electrodomésticos y línea blanca: el epicentro del conflicto

El sector de electrodomésticos es, quizás, el más golpeado por la apertura de las importaciones. Empresas como Electrolux, Whirlpool, Aires del Sur y Neba han iniciado procesos de reestructuración profunda. En Rosario, Electrolux implementó un programa de retiros voluntarios con el objetivo de reducir su plantilla en un 25%. De los 900 operarios que supo tener la planta hace apenas dos años y medio, hoy queda menos de la mitad. Según representantes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la invasión de mercadería china ha vuelto obsoleta la producción santafesina.

El caso de Whirlpool en Pilar es paradigmático: una planta inaugurada con grandes expectativas hace apenas dos años cerró sus puertas en noviembre pasado, afectando a 220 trabajadores. La estrategia de la multinacional viró rápidamente hacia la importación directa, confirmando que la infraestructura instalada no pudo resistir la apertura del mercado en un contexto de recesión. Por su parte, la mexicana Mabe siguió un camino similar en Córdoba, transformando su planta productiva en un centro de distribución y depósito, limitando su fabricación a puntos específicos en Luque y San Luis tras reducir medio centenar de puestos de trabajo.

Tensión en Tierra del Fuego y el norte argentino

La crisis se extiende de extremo a extremo del país. En Tierra del Fuego, el polo electrónico tambalea ante la eliminación de aranceles para productos terminados, como los teléfonos celulares. Aires del Sur solicitó la quiebra y despidió a 140 empleados, mientras que Newsan prescindió de 150 trabajadores en Ushuaia. El riesgo es sistémico: se estima que el 40% de los 10.000 empleos directos del sector electrónico en la isla están bajo amenaza directa por la competencia extranjera.

En Catamarca, el cierre de la fábrica de heladeras Neba dejó a 56 familias en la calle. La planta permanece ocupada por sus trabajadores en un intento desesperado por obtener respuestas ante la falta de pago de indemnizaciones y la incertidumbre sobre el futuro del predio. Mientras tanto, en el Gran Buenos Aires, Peabody (Goldmund SA) mantiene en suspenso más de 60 puestos de trabajo en La Matanza, profundizando un proceso de achicamiento que ya se cobró 140 empleos en el último año.

Deudas financieras y suspensiones rotativas

La situación financiera de las empresas que aún intentan producir es crítica. Longvie, otra marca histórica del hogar, acumuló pérdidas por $17.000 millones en los últimos dos años. Para evitar el cierre definitivo, la compañía mantiene suspensiones rotativas que afectan al 50% de sus 300 empleados, quienes perciben apenas una fracción de su salario neto.

Este panorama de «industricidio» —como lo denominan algunos sectores gremiales— plantea un interrogante sobre la sustentabilidad del empleo industrial en Argentina. La transición de una economía de producción a una de servicios e importación parece ser la hoja de ruta impuesta por la realidad macroeconómica actual, dejando al sector manufacturero en una situación de vulnerabilidad inédita.