Radiografía de la precarización: el auge del cuentapropismo ante la caída del empleo formal
Un informe del centro de estudios Mate revela que la pérdida de puestos de trabajo registrados y la licuación salarial empujaron la informalidad a niveles históricos en Argentina.
La estructura del mercado laboral argentino atraviesa una transformación regresiva de magnitudes inéditas. Según el último relevamiento del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate), la destrucción de 323.000 empleos formales desde el inicio de la gestión de Javier Milei ha forzado un desplazamiento masivo hacia el cuentapropismo, que alcanzó su máximo valor histórico. Este fenómeno, lejos de representar un avance en la autonomía laboral, se traduce en una estrategia de supervivencia frente a salarios que pierden la carrera contra la inflación y un endeudamiento familiar que se vuelve insostenible.
La hemorragia del empleo registrado
Los datos del informe son elocuentes: cada día de gobierno se pierden, en promedio, 443 puestos de trabajo formales. «Se destruye un empleo cada tres minutos», advierten los especialistas Diego Kofman y Lavih Abraham. Lo paradójico del escenario actual es que, si bien sectores como la minería, el petróleo y el agro muestran crecimiento, estas actividades operan con una lógica de expulsión de mano de obra.
Ante la falta de vacantes en el sector privado y el congelamiento en el sector público, la proporción de cuentapropistas sobre la población ocupada trepó del 21,6% al 24,5%. Este segmento, que suele carecer de aportes jubilatorios y cobertura de salud, se convierte en el refugio de miles de argentinos que intentan compensar la falta de un ingreso fijo.
Salarios en rojo: la pérdida millonaria
El impacto de las políticas de ajuste se siente con especial rigor en el poder adquisitivo. El informe de Mate cuantifica la pérdida acumulada de los trabajadores en términos nominales, arrojando cifras alarmantes:
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Trabajadores estatales: Han perdido un acumulado de 10,7 millones de pesos desde principios de 2024, con sueldos que se ubican un 22% por debajo del nivel previo a la actual gestión.
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Sector privado: La pérdida acumulada por cada trabajador asciende a 2,1 millones de pesos en los últimos dos años.
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Jubilados: El sector más castigado presenta un poder de compra 24% menor al de 2023. Quienes perciben la mínima acumulan una pérdida equivalente a siete haberes del año pasado.
La brecha social se hace visible en el dato de la Canasta Básica: hoy se necesitan cinco salarios mínimos para que una familia de cuatro personas no caiga bajo la línea de pobreza, lo que marca la insuficiencia de los ingresos básicos para cubrir necesidades elementales.
El fantasma de la morosidad y el endeudamiento
La precarización no solo se manifiesta en el empleo, sino también en las finanzas del hogar. Con salarios licuados, las familias han recurrido al crédito para sostener el consumo básico, generando una bola de nieve de intereses. La deuda que no puede ser pagada a término se multiplicó por cuatro durante 2025, alcanzando un saldo irregular de 7,6 billones de pesos.
El informe destaca que el 29% de las deudas contraídas, especialmente en plataformas como Mercado Pago, se encuentran en condición de morosidad. Esto se explica por tasas de interés reales para préstamos personales que superan el 4% mensual, mientras que los plazos fijos ofrecen rendimientos negativos, beneficiando al sector financiero en detrimento de la economía real y el ahorro familiar.
Un modelo en tensión
Para el organismo de estudio, el esquema económico actual sobrevive gracias a un fuerte incremento de la deuda y el apoyo financiero externo, pero no ha logrado resolver el problema de fondo: la inflación y la estabilidad productiva. El «ahorro» de 116 billones de pesos reivindicado por el Ejecutivo nacional tiene como contrapartida el abandono de la obra pública y el desfinanciamiento educativo, pilares que, según el análisis, son fundamentales para revertir la tendencia a la precarización.
En definitiva, la Argentina de 2026 presenta un mercado laboral más fragmentado, donde la figura del «trabajador pobre» —aquel que, aun teniendo empleo, no alcanza a cubrir la canasta básica— y el cuentapropista por necesidad se consolidan como las nuevas caras de la crisis socioeconómica.
