Caso Lian Gael Flores: un año de silencio judicial y una búsqueda sin rastros
A doce meses de la desaparición de Lian Gael Flores en Córdoba, la justicia no presenta avances concluyentes. Entre hipótesis abiertas y una recompensa millonaria, su familia exige respuestas.
El 22 de febrero de 2025, la pequeña localidad de Ballesteros Sud, en la provincia de Córdoba, cambió para siempre. Ese día, Lian Gael Flores, un niño cuya imagen hoy recorre el país, fue visto por última vez. A un año de aquel suceso, el expediente judicial parece haber ingresado en un laberinto de fojas sin destino, mientras el silencio institucional profundiza el dolor de una familia que se niega a aceptar la ausencia como una sentencia definitiva.
Un rompecabezas sin piezas clave en Ballesteros Sud
La investigación, radicada en el fuero penal cordobés, ha cumplido un ciclo cronológico marcado por la intensidad inicial y el posterior estancamiento. Durante los últimos doce meses, se desplegaron operativos que incluyeron rastrillajes terrestres, inspecciones en cauces de agua y el análisis de antenas de telefonía celular. Sin embargo, el resultado arroja una realidad alarmante: no existen detenidos directamente vinculados a la desaparición del menor.
Este vacío procesal pone de manifiesto, una vez más, las falencias estructurales en los protocolos de búsqueda de personas menores de edad en Argentina. Aunque el caso de Lian Gael Flores activó las alertas nacionales de manera inmediata, la reconstrucción de sus últimos movimientos sigue siendo una incógnita. La falta de testigos presenciales y la escasa evidencia física en el lugar de la desaparición han convertido al caso en un desafío técnico y humano para los peritos intervinientes.
Hipótesis colaterales: entre el abuso y la incertidumbre
A lo largo del proceso judicial, surgieron líneas de investigación que, si bien generaron detenciones, no aportaron claridad sobre el paradero del niño. En una serie de allanamientos realizados en domicilios de vecinos de Ballesteros Sud, las autoridades hallaron material de abuso sexual infantil en dispositivos móviles.
Si bien este hallazgo derivó en procesos penales paralelos para los involucrados, la fiscalía nunca pudo establecer un nexo causal directo entre estos delitos y la desaparición de Lian. Para la querella y los observadores del caso, estas derivaciones funcionaron más como un «ruido» procesal que como una vía de resolución, dejando el núcleo del misterio intacto. ¿Fue Lian víctima de una red, de un accidente ocultado o de un traslado forzado? Las preguntas sobran, las certezas no aparecen.
El rol del Estado: recompensa y tecnología de proyección
Ante la falta de resultados operativos, el Gobierno nacional ha buscado incentivar la colaboración ciudadana. Recientemente, se confirmó el aumento de la recompensa a 20 millones de pesos para cualquier persona que brinde datos útiles, precisos y comprobables que permitan dar con el paradero de Lian. Este mecanismo, coordinado a través del Programa Buscar, intenta romper el «pacto de silencio» que suele instalarse en comunidades pequeñas tras hechos de esta magnitud.
Complementariamente, se ha difundido una actualización del rostro de Lian mediante el uso de inteligencia artificial. Esta tecnología de progresión de edad es vital en casos que superan el año de vigencia, ya que los rasgos infantiles mutan con rapidez. La nueva imagen busca no solo refrescar la memoria colectiva, sino también ofrecer una herramienta real para las fuerzas de seguridad en pasos fronterizos y controles urbanos.
La voz de la familia: «Mi hijo está vivo»
En el centro de esta tragedia se encuentra el reclamo desesperado de una madre. «Mi hijo está vivo», ha repetido en cada micrófono que se le ha acercado. Esta frase no es solo un acto de fe, sino un imperativo ético para que la justicia no archive la causa. La familia denuncia que, con el paso de los meses, la intensidad de los recursos destinados a la búsqueda ha disminuido, una tendencia peligrosa que suele condenar estos casos al olvido administrativo.
La convicción de la familia sostiene que Lian fue sustraído y que permanece en algún lugar del país o el exterior. Este reclamo resuena con fuerza en una sociedad que todavía procesa heridas similares y que exige protocolos de actuación más ágiles desde el «minuto cero» de la desaparición.
