La actividad metalúrgica cayó 6,2% y registra su peor nivel en cuatro años

El sector operó en enero con apenas el 40,6% de su capacidad instalada, una cifra que evidencia la profundidad de la recesión industrial y la falta de señales de reactivación a corto plazo.

La industria metalúrgica argentina profundizó su crisis en el inicio de 2026. Según el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la actividad del sector sufrió una caída del 6,2% interanual en enero. Este retroceso sitúa a la producción en niveles similares a los de la pandemia en 2020, operando casi un 18% por debajo de sus máximos recientes y consolidando un escenario de marcada parálisis productiva.

Un aparato productivo al límite

Uno de los datos más alarmantes que arroja el relevamiento es el desplome en la utilización de la capacidad instalada, que se ubicó en un magro 40,6%. Se trata del registro más bajo de los últimos cuatro años, lo que confirma que seis de cada diez máquinas en los talleres y fábricas metalúrgicas del país permanecen inactivas.

Elio Del Re, presidente de ADIMRA, fue contundente al analizar estas cifras: “La actividad inicia el año en niveles históricamente bajos y sin señales claras de reactivación”. Según el directivo, la combinación de una capacidad ociosa elevada y la caída generalizada en todos los subsectores hace indispensable la implementación de una política industrial integral que detenga el deterioro del tejido productivo nacional.

Impacto en el empleo y presión importadora

La crisis ya tiene un correlato directo en el mercado laboral. El nivel de empleo en las empresas del sector registró una caída interanual del 2,7%, con un retroceso adicional del 0,3% respecto a diciembre de 2025. Esta pérdida de puestos de trabajo se da en un contexto de «doble pinza»: por un lado, un consumo interno en marcado retroceso y, por otro, un crecimiento sostenido de las importaciones.

En diciembre (último dato disponible), el ingreso de productos metalúrgicos del exterior creció un 14,8% interanual. Esta apertura comercial, en un momento de debilidad de la demanda local, es vista por los industriales como un factor «nocivo y preocupante» que desplaza a la fabricación nacional y pone en riesgo la supervivencia de las pymes metalúrgicas.

Radiografía de una caída generalizada

El informe sectorial muestra que prácticamente ninguna rama de la metalurgia logró escapar al signo negativo. Incluso aquellos sectores que habían mostrado cierto dinamismo meses atrás, hoy enfrentan una realidad contractiva:

  • Fundición: El sector más castigado, con un desplome del 17,8%.

  • Autopartes y Otros productos de metal: Registraron bajas del 8,5% y 9,8% respectivamente.

  • Maquinaria Agrícola: Cayó un 3,4%, perdiendo el impulso del semestre previo.

  • Carrocerías y Remolques: Arrojó registros negativos (-6,8%) por primera vez en medio año.

El análisis por cadena de valor refuerza el diagnóstico recesivo. Las empresas proveedoras de la Construcción (-9,5%), Alimentos y Bebidas (-8,2%) y el sector Automotriz (-7,4%) continúan mostrando resultados que arrastran al promedio general hacia la baja.

Perspectivas desalentadoras

Hacia adelante, el horizonte no presenta claros. El optimismo empresarial parece haberse diluido frente a la persistencia de la crisis. Según ADIMRA, 7 de cada 10 empresas metalúrgicas no esperan cambios positivos en su nivel de producción para el próximo trimestre. Sin un cambio en las variables macroeconómicas que estimule el consumo o proteja la producción local frente al aluvión importador, el sector metalúrgico —pilar del empleo industrial— se encamina a un 2026 de extrema fragilidad.