El cierre de Fate: la crónica de un final anunciado por su propio dueño
Tras 86 años de historia, la única fábrica de neumáticos de capital nacional cesó sus operaciones en Virreyes, dejando a 920 trabajadores en la calle y confirmando las advertencias que Javier Madanes Quintanilla formuló al inicio de la gestión libertaria.
La industria argentina sufrió este martes un golpe histórico con el cierre definitivo de Fate, la emblemática planta de neumáticos ubicada en Virreyes. La decisión del empresario Javier Madanes Quintanilla de «bajar la persiana» no es un hecho aislado, sino el corolario de un proceso de deterioro que él mismo comenzó a denunciar públicamente en mayo de 2024. En aquel entonces, el ejecutivo advirtió sobre un «menosprecio al capital nacional» por parte del gobierno de Javier Milei, una frase que hoy resuena como una profecía autocumplida ante el despido de 920 empleados.
Las señales de alerta del capital nacional
Desde el inicio del actual modelo económico, Madanes Quintanilla se diferenció de otros sectores industriales por su cruda lectura de la realidad. En 2024, calificó el ajuste como «el más duro de la historia», situándolo incluso por encima de la crisis de 2001 en términos de profundidad. Su diagnóstico señalaba una asimetría letal: un Estado que prioriza la conversación con CEOs de multinacionales mientras ignora la trayectoria de las empresas con arraigo local.
El empresario también fue crítico con herramientas clave de la gestión oficial:
-
Cuestionamiento al RIGI: Reclamó que el Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones fuera equitativo y no solo un beneficio para capitales extranjeros.
-
Denuncia de informalidad: Remarcó la imposibilidad de competir en una economía donde el sector informal oscila entre el 40% y el 50%.
-
Crítica a la UIA: Calificó de «insignificante» y «pasiva» a la conducción de la Unión Industrial Argentina frente al desmantelamiento fabril.
El impacto de la apertura importadora
El factor determinante en el colapso de Fate fue la combinación de una caída en el consumo interno y una apertura comercial agresiva. Según datos de la consultora PxQ, entre 2023 y 2025 las importaciones del sector neumático crecieron casi un 35%, mientras que los precios internos se desplomaron un 42,6% en un intento desesperado por competir.
Para mayo de 2025, el ingreso de más de 860.000 cubiertas importadas en un solo mes marcó un récord en dos décadas. Al momento de su cierre, Fate operaba apenas al 30% de su capacidad instalada, mientras que el 85% de los neumáticos que circulaban en el mercado argentino ya provenían del exterior. Esta dinámica tornó insostenible la operación de una planta de 40 hectáreas diseñada para el abastecimiento masivo.
Un cierre entre el silencio y el conflicto
A diferencia de sus locuaces intervenciones de años anteriores, Madanes Quintanilla optó por el hermetismo tras el anuncio del cierre. El comunicado oficial de la empresa atribuye la liquidación a «cambios en las condiciones de mercado», un eufemismo que contrasta con sus declaraciones previas sobre el «ajuste brutal».
Por su parte, el sindicato SUTNA ha judicializado la medida. El delegado gremial Sebastián Tesoro calificó el cierre de «totalmente ilegal», denunciando el incumplimiento de una cláusula que garantizaba la estabilidad laboral hasta junio de 2026. La jornada final en la planta de Virreyes estuvo marcada por la tensión y denuncias de represión con balas de goma en el ingreso al predio.
De la resistencia a la liquidación
En 2024, el dueño de Fate sostenía que quedarse en el país era una forma de «renovar el compromiso de inversión». Sin embargo, el escenario de 2026 terminó por quebrar esa voluntad. Mientras Madanes Quintanilla se repliega sobre Aluar (su productora de aluminio), Fate inicia un proceso de liquidación total de activos, sin pasar por concurso preventivo ni planes de salvataje estatal. El fin de la única fábrica nacional de neumáticos deja un vacío productivo y una herida social profunda en el cordón industrial del Gran Buenos Aires.
