El abrazo humano: por qué este gesto de afecto puede estresar a tu perro

Las investigaciones en etología advierten que rodear con los brazos a los canes limita su movilidad, activando respuestas de ansiedad y elevando los niveles de cortisol en su organismo.

El lenguaje del afecto bajo la lupa de la ciencia

En los últimos años, una pregunta comenzó a repetirse con fuerza en buscadores y redes sociales: ¿abrazar a un perro es realmente una muestra de amor? Si bien para los humanos este gesto representa cercanía, contención y cariño, distintas investigaciones en comportamiento animal indican que, en el lenguaje canino, el abrazo suele interpretarse de manera muy diferente. Lejos de generar bienestar, esta acción puede provocar incomodidad, ansiedad e incluso reacciones defensivas que comprometen el vínculo entre el tutor y su mascota.

La antropomorfización de nuestras mascotas nos lleva, a menudo, a proyectar necesidades humanas en especies que poseen códigos de comunicación radicalmente distintos. Mientras que para un primate el contacto físico estrecho es una herramienta de cohesión social, para un cánido, la invasión del espacio personal y la restricción de movimiento pueden ser percibidas como una amenaza directa.

Por qué no abrazar a tus mascotas: la perspectiva etológica

Especialistas en etología y comportamiento animal explican que el problema central reside en la restricción física. Al rodear al perro con los brazos, se limita su capacidad de maniobra y se bloquea su principal mecanismo de defensa ante el conflicto: la huida. Desde una perspectiva evolutiva, los perros son animales que, ante una situación que perciben como estresante o invasiva, prefieren alejarse antes que confrontar.

El abrazo elimina esa posibilidad de escape. Al sentirse «atrapado», el sistema nervioso del animal puede disparar una respuesta de estrés agudo, acompañada por un aumento significativo del cortisol, la hormona asociada a la tensión. Este estado de alerta no solo es desagradable para el perro, sino que, si se repite de forma crónica, puede derivar en problemas de conducta a largo plazo.

Evidencia científica: el estudio de la Universidad de British Columbia

No se trata solo de teorías; hay datos que respaldan esta incomodidad. Un estudio pionero realizado por la Universidad de British Columbia analizó más de 250 imágenes de personas abrazando a sus perros en entornos cotidianos. Los resultados fueron contundentes: en más del 80% de los casos, los animales mostraban señales claras de distrés.

Entre los indicadores detectados por los investigadores se encontraban las orejas hacia atrás, la rigidez corporal, el cierre parcial de los ojos o la mirada evasiva (conocida como «ojo de ballena», donde se ve la esclerótica blanca). Solo un porcentaje minoritario de la muestra evidenciaba una postura relajada, lo que refuerza la premisa de que el abrazo no es un gesto naturalmente placentero para la gran mayoría de los canes.

Cómo identificar el estrés en el lenguaje corporal canino

Aprender a interpretar el lenguaje corporal es clave para evitar situaciones de riesgo y garantizar el bienestar animal. El perro no «habla», pero su cuerpo emite señales constantes que los tutores suelen pasar por alto.

Entre las señales de advertencia más comunes de que un perro está sufriendo estrés durante un contacto físico se encuentran:

  • Bostezos repetidos: Realizados fuera del contexto del sueño, indican tensión.

  • Relamerse el hocico: Un gesto de apaciguamiento muy frecuente.

  • Apartar la cabeza: El perro intenta poner distancia física.

  • Cuerpo tenso: Los músculos se endurecen ante la imposibilidad de moverse.

  • Girar la mirada: Evitar el contacto visual directo con quien lo abraza.

Si estas conductas se ignoran y el estímulo estresante persiste, el animal puede escalar su respuesta. Lo que empieza como una leve incomodidad puede terminar en un gruñido o, en casos extremos, en una mordida por miedo. Además, el estrés sostenido afecta la salud integral, pudiendo provocar desde ansiedad crónica hasta trastornos digestivos o dermatológicos.

Alternativas saludables para demostrar cariño

Los especialistas coinciden en que existen formas mucho más adecuadas y respetuosas de demostrar afecto. El objetivo es fortalecer el vínculo sin invadir el espacio personal del animal.

  1. Caricias dirigidas: Optar por zonas que el animal disfruta, como el pecho, la base de las orejas o el lomo, siempre permitiendo que el perro pueda retirarse si lo desea.

  2. Juego compartido: El juego es la herramienta de socialización por excelencia. Fortalece la confianza mutua sin necesidad de restricciones físicas.

  3. Refuerzo positivo: El uso de premios y palabras de aliento crea una asociación afectiva poderosa.

  4. Respeto por el espacio: Entender que, a veces, la mayor muestra de amor es permitir que el perro descanse tranquilo en su lugar.

En conclusión, aunque nuestra intención sea demostrar amor, es fundamental recordar que convivimos con una especie diferente. Respetar sus límites biológicos y comunicativos no solo evita accidentes, sino que construye una relación basada en la confianza real y el respeto mutuo.