Por qué perros y gatos miran al vacío: lo que dice la ciencia

Lejos de mitos paranormales, el comportamiento de las mascotas responde a una sensibilidad sensorial que supera la humana. Olfato, oído y visión nocturna explican sus reacciones ante lo invisible.

En el hogar, pocas escenas resultan tan inquietantes como observar a una mascota paralizada, con la vista clavada en un rincón donde, aparentemente, no ocurre nada. Aunque la cultura popular suele atribuir este fenómeno a la percepción de presencias sobrenaturales, la ciencia ofrece una explicación mucho más terrenal y fascinante: perros y gatos habitan un mundo de estímulos que resultan imperceptibles para el sistema sensorial humano. Lo que nosotros interpretamos como «vacío» es, para ellos, un mapa vibrante de sonidos, olores y reflejos.

El radar auditivo y olfativo de los perros

En el caso de los caninos, su reacción ante la nada suele estar motivada por dos sentidos hiperdesarrollados. Los perros poseen una capacidad auditiva que les permite captar frecuencias ultrasónicas y ruidos a distancias kilométricas. Una microvibración en las tuberías, el zumbido de un insecto tras la pared o una corriente de aire desplazando partículas de polvo pueden ser suficientes para que un perro entre en estado de alerta y fije su mirada en el origen del estímulo.

Además, su olfato —miles de veces más sensible que el nuestro— les permite detectar cambios químicos en el ambiente. Esto explica por qué algunos perros parecen «detectar» tormentas o sismos antes de que sucedan; simplemente están percibiendo cambios en la presión atmosférica o emanaciones de gases que escapan de nuestra comprensión. Asimismo, el apego a objetos de personas fallecidas no es un vínculo místico, sino una respuesta a la memoria sensorial de olores persistentes que el animal asocia con experiencias positivas y seguridad.

La visión de alta precisión en los felinos

Los gatos, por su parte, operan bajo reglas visuales distintas. Si bien ven menos variedad de colores que los humanos, su visión está diseñada para la caza en condiciones de luz tenue. Sus ojos son capaces de captar destellos mínimos, motas de polvo iluminadas por un rayo de sol casi invisible o movimientos extremadamente rápidos que el ojo humano procesa como estáticos. Cuando un gato mira fijamente una pared, es muy probable que esté siguiendo el rastro de un pequeño insecto o el reflejo de una luz lejana.

A esto se suma su instinto territorial. El gato es un vigilante nato; su comportamiento de acecho y observación busca descartar amenazas en su entorno inmediato. Para un felino, quedarse inmóvil mirando un punto fijo es una forma de procesar información del ambiente y asegurar que su territorio permanece bajo control.

Cuándo la mirada fija es una señal de alerta

Aunque la mayoría de estas conductas son naturales, existen matices que los dueños deben observar. Si la mirada perdida se acompaña de síntomas físicos como temblores, letargo, búsqueda excesiva de calor o pérdida de apetito, la ciencia advierte que podría tratarse de un problema de salud o un cuadro de estrés agudo. En estos casos, la fijación no responde a un estímulo externo, sino a un malestar interno que requiere la evaluación de un veterinario para descartar patologías orgánicas o neurológicas.

Sentidos aguzados, no fantasmas

La ciencia es categórica: ni perros ni gatos ven fantasmas. Su comportamiento es el resultado de milenios de evolución orientados a la supervivencia. Antes de recurrir a explicaciones esotéricas, conviene recordar que nuestras mascotas son «superatletas» sensoriales. Un ladrido a la oscuridad o una mirada fija al techo son simplemente recordatorios de que compartimos nuestra vida con seres que perciben el mundo en una frecuencia mucho más rica y compleja que la nuestra.