Industria textil: importaciones récord y capacidad ociosa histórica en 2025
Un informe de la Fundación Pro Tejer revela que las compras de indumentaria al exterior crecieron un 164% en cantidades, mientras el sector nacional utiliza menos del 30% de su capacidad productiva.
La industria textil argentina atraviesa uno de los escenarios más complejos de su historia reciente. Pese a que el rubro de indumentaria y calzado fue uno de los que menos aumentó sus precios durante el último año (apenas un 15,3% interanual), esta estabilidad no logró blindar a la producción nacional frente a una apertura comercial agresiva. Según datos de la Fundación Pro Tejer, el 2025 cerró con una combinación «letal»: una invasión de productos importados a precios unitarios en baja y un desplome vertical de la actividad interna.
Mientras funcionarios nacionales, encabezados por el ministro de Economía Luis Caputo, cuestionan la competitividad de los fabricantes locales, el sector advierte que la caída del consumo interno y la competencia externa están desmantelando la cadena de valor textil, afectando desde la producción de materias primas hasta la confección final.
La marea de productos importados
El balance de 2025 muestra cifras inéditas. Se importaron más de 391.000 toneladas de productos textiles y prendas, lo que representa un salto del 71% en volumen respecto al año anterior. Sin embargo, el gasto en dólares por estas compras creció solo un 52%, lo que confirma que el país está ingresando mercadería a valores unitarios significativamente más bajos.
El impacto es particularmente devastador en los eslabones finales de la cadena:
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Prendas terminadas: Las importaciones volaron un 164% en cantidades (récord histórico).
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Confecciones: Registraron un incremento del 205% en toneladas.
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Tejidos de punto: Crecieron un 105%, alcanzando también niveles máximos para el sector.
Fábricas vacías y máquinas detenidas
La contracción de la industria nacional es el espejo de este aumento importador. En noviembre de 2025, la actividad textil se hundió un 36,7% respecto al año previo. Si se compara con los niveles de 2023, la caída es de casi la mitad del sector (-47,6%).
Uno de los indicadores más preocupantes es el uso de la capacidad instalada, que en el onceavo mes del año pasado se ubicó en un magro 29,2%. Esto significa que 7 de cada 10 máquinas en las fábricas argentinas estuvieron paradas. Se trata de los niveles de capacidad ociosa más altos de los que se tenga registro, superando incluso a otros sectores industriales en crisis.
Precios bajos que no salvan al consumo
A pesar de la narrativa oficial sobre los «altos precios» locales, la indumentaria argentina registró una suba de apenas el 1,1% en diciembre, cerrando el año como el rubro con menor inflación anual (15,3%). Sin embargo, este esfuerzo por contener los precios no se tradujo en mayores ventas de origen nacional.
El informe de Pro Tejer destaca una paradoja: mientras las ventas en supermercados crecieron un 23,7% interanual, este consumo se orientó mayoritariamente a productos importados. En los shoppings, donde predomina la marca nacional, la actividad se mantuvo estancada o en caída, demostrando que la industria local está perdiendo la batalla por el mercado interno.
El impacto social: sangría de puestos de trabajo
La crisis ya se traduce en una pérdida masiva de empleo. El sector textil sufrió la caída porcentual más alta de puestos asalariados de toda la economía, superando incluso a la construcción.
Solo en el segmento de confección, cuero y calzado, se perdieron 18.000 puestos de trabajo directos (-15% interanual). Si se toma el acumulado del sector textil general desde finales de 2023, la cifra de despidos y cese de actividades es alarmante, dejando a miles de familias fuera de un sistema que hoy prioriza la oferta externa sobre la mano de obra local.
