Prisión perpetua para el panadero que mató a un compañero con grasa hirviendo

La Justicia de Rosario condenó a Miguel Martínez por el homicidio agravado con alevosía de José Jaharise. El tribunal consideró la indefensión de la víctima y amenazas previas del agresor.

El Tribunal de Primera Instancia de Rosario dictó este lunes una sentencia histórica al condenar a prisión perpetua a Miguel Martínez, el panadero que asesinó a su compañero de trabajo, José Sofiudin Jaharise. El fallo, que llega tras un proceso judicial de tres años, ratifica la brutalidad de un ataque planificado donde la víctima no tuvo posibilidad alguna de defensa. Los jueces consideraron que el imputado actuó con un desprecio total por la vida humana, agravado por el vínculo laboral y una violencia de género colateral que terminó de sellar su destino procesal.

Un ataque planificado bajo el amparo de la alevosía

La reconstrucción de los hechos presentada por el fiscal Patricio Saldutti describe una escena de horror premeditado. El 7 de diciembre de 2022, en el interior de una panadería ubicada en la zona oeste de Rosario, Miguel Martínez aguardó el momento de mayor vulnerabilidad de su colega. Según el expediente, mientras Jaharise descansaba en el sector trasero del local, Martínez extrajo grasa hirviendo a más de 100 grados de una freidora industrial, la vertió en un balde y la arrojó directamente sobre el rostro y el torso de la víctima.

El componente de alevosía fue el eje central de la acusación. Para el sistema penal argentino, esta figura se configura cuando el victimario actúa sobre seguro, sin riesgo para sí mismo y aprovechando el estado de indefensión de la víctima. En este caso, el hecho de que Jaharise estuviera durmiendo anuló cualquier capacidad de reacción, transformando el lugar de trabajo en una trampa mortal.

El camino hacia la muerte y la fuga del agresor

Tras el ataque, José Jaharise fue trasladado de urgencia al Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez (HECA). El parte médico detalló lesiones térmicas profundas que comprometieron órganos vitales. A pesar de los esfuerzos de los profesionales de la salud, el trabajador falleció el 24 de diciembre de 2022. Los peritos determinaron que el deceso fue consecuencia directa de complicaciones multiorgánicas e infecciones sistémicas derivadas de la naturaleza del material orgánico —la grasa animal— que penetró en los tejidos de forma irreversible.

Mientras la víctima agonizaba, Martínez inició una etapa de evasión. A bordo de una motocicleta Guerrero Trip, el condenado logró eludir a las fuerzas de seguridad durante meses. Su captura recién se hizo efectiva en marzo de 2023, tras un operativo de inteligencia que logró rastrear sus movimientos en la periferia de la ciudad. Esta conducta evasiva fue valorada por el tribunal como un indicio claro de la conciencia de criminalidad del sujeto.

Violencia de género y amenazas coactivas

El juicio no solo abordó el homicidio en la panadería. La investigación reveló un perfil de violencia sostenida que Martínez proyectaba también en su ámbito privado. Durante el mes de enero de 2023, mientras aún se encontraba prófugo de la justicia, el acusado utilizó redes sociales, específicamente Facebook, para enviar amenazas coactivas a su ex pareja.

Fueron al menos tres episodios documentados entre el 17 y el 23 de enero de ese año. Estas acciones fueron juzgadas como delitos autónomos bajo la figura de amenazas coactivas reiteradas. La fiscalía argumentó que estas intimidaciones buscaban silenciar o amedrentar a su entorno cercano, consolidando la imagen de un individuo con escaso control de impulsos y una peligrosidad latente.

Un fallo que busca sentar precedentes en el ámbito laboral

El tribunal, integrado por los jueces Lisandro Artacho, Carlos Leiva y Gonzalo Fernández Bussy, fue unánime en su decisión. La prisión perpetua es la pena máxima contemplada en el Código Penal Argentino, reservada para crímenes donde concurren agravantes que demuestran una perversidad excepcional.

En su cierre, el tribunal destacó que la resolución no solo busca castigar el hecho material, sino también enviar un mensaje de justicia ante formas de violencia extrema que rompen la paz social. La condena a Miguel Martínez cierra un capítulo doloroso para la comunidad rosarina, especialmente para los trabajadores del gremio panadero, quienes se vieron conmocionados por un crimen sin precedentes en la historia policial local.