Dime cómo manejas y te diré cómo funciona tu cerebro

Un estudio científico revela que los cambios sutiles en los hábitos al volante, como evitar rutas nuevas o conducir siempre a la misma hora, son indicadores tempranos de deterioro cognitivo y daños en la materia blanca.

La forma en que nos desplazamos por la ciudad podría ser el primer síntoma de una enfermedad silenciosa. Más allá de la pericia técnica o la cortesía vial, la ciencia ha comenzado a observar los patrones de conducción como un «termómetro» de la función cognitiva. Según una investigación liderada por la experta Chia-Ling Phuah, los hábitos cotidianos al volante ofrecen una ventana inesperada hacia la salud del cerebro, detectando señales de alarma años antes de que aparezcan los primeros olvidos o fallas en el razonamiento lógico.

El coche como sensor de la materia blanca

El estudio, realizado con adultos mayores de 65 años, determinó que la modificación de las rutinas de manejo está directamente vinculada al estado de la materia blanca. Estas fibras nerviosas funcionan como los cables que conectan las diferentes regiones cerebrales, permitiendo procesar información visual, coordinar movimientos y tomar decisiones rápidas en situaciones de estrés vial.

«Cómo, dónde y con qué frecuencia la gente conduce puede señalar daño en la materia blanca, vinculado al declive cognitivo y al riesgo de demencia», explica Phuah. Cuando estas conexiones se deterioran, el cerebro pierde flexibilidad, lo que empuja al conductor a refugiarse en lo conocido para compensar la pérdida de agilidad mental.

Las señales de alerta en el asfalto

La investigación identificó patrones específicos que podrían predecir el deterioro cerebral antes que los tests clínicos tradicionales. Los conductores que están experimentando cambios neuronales tienden a:

  • Reducir la frecuencia de viajes: Salen menos de casa de forma espontánea.

  • Evitar trayectos largos: Se limitan a perímetros cortos y controlados.

  • Aferrarse a rutas familiares: El miedo a lo desconocido o a perderse se vuelve una barrera.

  • Fijar horarios estrictos: Evitan conducir de noche o en horas pico para reducir la carga de estímulos.

Este comportamiento no es casual; es un mecanismo de defensa del cerebro ante la dificultad de integrar atención, memoria y juicio espacial en entornos dinámicos.

Una herramienta de detección no invasiva

Detectar el Alzheimer o la demencia en sus etapas iniciales suele requerir evaluaciones neuropsicológicas complejas. Sin embargo, el análisis de datos de GPS y sensores de vehículos ofrece una alternativa continua y natural. Este enfoque permite observar la evolución de la función cerebral en la vida real, sin que el paciente se sienta examinado.

Además de la detección temprana, estas observaciones tienen un impacto directo en la salud pública y la seguridad vial. En una sociedad con una población envejecida cada vez más activa, entender cuándo una persona deja de ser apta para conducir es vital para prevenir accidentes sin sacrificar su autonomía de forma prematura.

El valor de la independencia

Conducir es, para la tercera edad, uno de los máximos símbolos de independencia. La pérdida de esta capacidad suele acarrear una caída en la autoestima y el aislamiento social. Por ello, estas intervenciones oportunas son fundamentales: no buscan quitar las llaves del coche de forma arbitraria, sino identificar cambios en la salud cerebral a tiempo para iniciar tratamientos que prolonguen la calidad de vida y la participación en la comunidad. La próxima vez que suba a su vehículo, recuerde que sus manos sobre el volante están escribiendo un informe detallado sobre su salud mental.