Emergencia habitacional: 4 de cada 10 jóvenes no logran independizarse en Argentina
La crisis de emancipación juvenil ya afecta al 39% de la población de entre 25 y 35 años, debido a la combinación de salarios deprimidos y alquileres desregulados.
Vivir solo se ha transformado en un privilegio inalcanzable para una generación entera en Argentina. Al cierre de 2025, los datos reflejan una realidad social alarmante: el 39% de los jóvenes de entre 25 y 35 años no ha logrado emanciparse, lo que representa a casi dos millones de personas que permanecen en sus hogares de origen por la imposibilidad material de costear una vivienda independiente. Esta cifra no solo marca un retroceso en la autonomía individual, sino que desnuda un fallo estructural en el sistema económico y habitacional del país.
El mercado laboral como barrera de entrada
La dificultad para acceder a un techo propio o alquilado tiene su raíz en un mercado de trabajo hostil para los adultos jóvenes. Según el informe de la organización Tejido Urbano, la desocupación juvenil (10,1%) duplica a la de aquellos que sí han logrado mudarse. Además, quienes logran insertarse en el mundo laboral enfrentan condiciones de alta precariedad: la informalidad en este segmento alcanza el 36%, y los salarios promedio son un 10% inferiores al resto de la Población Económicamente Activa (PEA).
La brecha de ingresos es el determinante principal: aquellos que viven solos ganan, en promedio, el doble que quienes aún residen con sus padres o abuelos. En este contexto, el ahorro se vuelve una quimera y la planificación a largo plazo queda supeditada a la subsistencia diaria.
Alquileres: un gasto que asfixia los ingresos
El costo de la vivienda se ha convertido en el principal factor de expulsión. Tras la derogación de la Ley de Alquileres mediante el DNU 70/2023, los precios han escalado muy por encima de la inflación general. Durante 2025, mientras la inflación se ubicó en el 31,5%, los alquileres en regiones como la Patagonia aumentaron un 120,3%, y en el Noreste un 108,7%.
Esta distorsión de precios genera que el 25% de los inquilinos deba destinar entre el 60% y el 100% de su sueldo solo para pagar el techo, sin contar expensas ni servicios públicos. En ciudades como Buenos Aires, la mediana de un monoambiente alcanzó los $550.000 en enero de 2026, una cifra que supera ampliamente el Salario Mínimo, Vital y Móvil de $341.000, dejando incluso a trabajadores formales fuera del mercado formal de alquileres.
Desigualdad regional y endeudamiento
El mapa de la no emancipación muestra fracturas geográficas profundas. El Norte Grande es la zona más crítica, con provincias como Santiago del Estero (64,8%) y Salta (63,7%) donde más de seis de cada diez jóvenes no pueden irse de sus casas. En contraste, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presenta la tasa más baja (24,8%), aunque esto se explica más por la concentración de ingresos que por la accesibilidad de su mercado inmobiliario.
La falta de solvencia ha derivado en un fenómeno peligroso: el endeudamiento para vivir. El 80% de los hogares inquilinos del país se vio obligado a contraer deudas para pagar el alquiler durante el último año. Esta situación fuerza a muchos jóvenes a buscar múltiples empleos, postergar estudios o, finalmente, regresar al hogar familiar, consolidando un modelo habitacional que parece cerrar sus puertas a las nuevas generaciones.
