Uber Eats regresa a la Argentina bajo el nuevo paradigma de la reforma laboral
La plataforma retoma sus operaciones en un mercado de delivery consolidado, aprovechando la flexibilización normativa pero reavivando las críticas sobre la precarización del trabajo digital.
El mapa de la economía de plataformas en Argentina sumará un actor de peso global. Uber Eats anunció su regreso oficial al país, marcando un giro estratégico tras su salida en 2020. Esta vuelta no es casual: se produce en un contexto donde la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional busca dotar de previsibilidad legal a las empresas de servicios digitales, simplificando la contratación y reduciendo las cargas administrativas. Sin embargo, el desembarco reabre una herida abierta en el mercado de trabajo: la tensión entre la generación de empleo rápido y la calidad de los derechos laborales.
El retorno tras el repliegue de la pandemia
En 2020, Uber Eats decidió retirarse de la Argentina y Colombia para reestructurar sus operaciones globales. En aquel entonces, la hegemonía de PedidosYa y el crecimiento exponencial de Rappi dificultaron su escalabilidad en un mercado que aún estaba adaptándose a las restricciones de la pandemia.
Hoy, el escenario es radicalmente distinto. El hábito del delivery está instalado en la cultura de consumo local y el volumen de negocio en el sector alcanza estimaciones de USD 1.860 millones anuales. Uber Eats regresa para disputar un terreno donde ya no solo compiten las apps tradicionales, sino también gigantes como Mercado Libre, que ha integrado la compra de comida a su ecosistema de pagos.
La reforma laboral como motor del desembarco
El factor determinante para este regreso parece ser el nuevo marco normativo. La reforma laboral vigente propone reglas más laxas para la economía de plataformas, un modelo que las empresas celebran como «necesario para la competitividad». Los puntos clave que favorecen este esquema incluyen:
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Flexibilidad en la contratación: Simplificación de los vínculos temporales.
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Reducción de contingencias legales: Mayor claridad sobre la figura del trabajador independiente.
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Menores costos operativos: Alivio en las cargas administrativas para las empresas tecnológicas.
Desde el sector empresarial, se argumenta que este marco legal permitirá absorber a una gran cantidad de personas que hoy se encuentran fuera del sistema formal. Sin embargo, para los especialistas en derecho laboral, esta normativa podría simplemente «legitimar» la informalidad existente bajo la figura del monotributo.
El impacto social: 160.000 trabajadores en la mira
Actualmente, se calcula que más de 160.000 personas encuentran su sustento principal o complementario a través de las aplicaciones en Argentina. Este sector ha sido, históricamente, la puerta de entrada al mercado laboral para miles de inmigrantes —principalmente de Venezuela y Colombia— que ven en la mochila de reparto una salida laboral inmediata.
El debate de fondo es si esta masa crítica de trabajadores podrá acceder a una cobertura social real. La crítica recurrente hacia la reforma es que profundiza la transferencia de riesgos hacia el repartidor: son ellos quienes deben costear sus vehículos, seguros y aportes previsionales, mientras las plataformas actúan meramente como intermediarios tecnológicos sin asumir responsabilidades patronales tradicionales.
Un mercado maduro, concentrado y desigual
Uber Eats no la tendrá fácil. Deberá recuperar la red de acuerdos gastronómicos que hoy lideran sus competidores y convencer a los usuarios de volver a descargar su aplicación. El mercado argentino hoy se caracteriza por una alta concentración, donde la capilaridad territorial de PedidosYa y la agresividad comercial de Rappi han dejado poco margen para nuevos actores.
La llegada de Uber Eats se da en un momento donde el consumo masivo muestra señales de retracción, lo que obligará a la plataforma a invertir fuertemente en promociones y descuentos para ganar cuota de mercado en un contexto de bolsillos ajustados.
¿Flexibilidad o precarización?
El regreso de Uber Eats es un síntoma de los nuevos tiempos económicos que atraviesa Argentina. Por un lado, representa una señal de confianza para la inversión extranjera y una fuente potencial de ingresos para miles de personas. Por otro, es el laboratorio perfecto para testear los alcances de una reforma laboral que divide aguas. El éxito de este modelo dependerá de si se logra equilibrar la rentabilidad corporativa con un piso de dignidad para quienes, pedal tras pedal, sostienen la maquinaria de la economía digital.
