Crisis económica: el uso de la tarjeta de crédito ya no financia consumo sino supervivencia
El dinero plástico dejó de ser una herramienta para adquirir bienes durables y se transformó en un recurso defensivo para cubrir gastos básicos y estirar ingresos que no alcanzan.
La tarjeta de crédito en Argentina atraviesa una metamorfosis drástica que refleja la profundidad de la crisis económica. Lejos de ser el motor que impulsa el consumo o el acceso a cuotas para mejorar el hogar, el «plástico» se ha convertido en un instrumento de subsistencia. Hoy, el endeudamiento no responde a una expectativa de crecimiento personal, sino a la necesidad imperiosa de «llegar a fin de mes» y administrar la escasez.
Según un informe de la consultora D’Alessio IROL, el rol del crédito bancario ha quedado desplazado hacia un uso defensivo. Un dato sintetiza esta realidad: el 90,7% de las operaciones actuales se realizan en un solo pago. La tarjeta ya no se utiliza para financiar compras a largo plazo, sino para diferir el pago de gastos corrientes unos días, ganando un «aire» financiero vital hasta el próximo ingreso salarial.
Morosidad y fatiga en la clase media
Este cambio de patrón no es gratuito y viene acompañado de señales de alerta roja en el sistema financiero. La morosidad en tarjetas de crédito ha escalado al 8%, un nivel que expone la fragilidad de la clase media argentina. No se trata necesariamente de una voluntad de no pago, sino de una reducción drástica del margen de maniobra: ante ingresos erosionados por la inflación, cualquier imprevisto desmorona la arquitectura de pagos familiar.
El impacto es transversal, pero se ensaña con un sector específico:
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El 35% de los argentinos enfrenta serias dificultades para afrontar sus deudas de crédito.
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El segmento de 35 a 45 años es el más afectado, al combinar gastos de crianza y hogar con salarios que pierden poder adquisitivo mes a mes.
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Dos de cada 10 personas destinan ya el 75% de sus ingresos totales exclusivamente al pago de deudas previas, anulando cualquier capacidad de ahorro o consumo futuro.
Estrategias de «supervivencia» en las góndolas
La crisis ha forzado una reconfiguración total de los hábitos de consumo. El 81% de los ciudadanos admite haber modificado su forma de comprar. Ya no existe la fidelidad a una marca o a una cadena de supermercados; lo que manda es la planificación quirúrgica y la búsqueda de promociones.
Actualmente, el 44% de los usuarios opta por compras semanales para controlar el gasto, mientras que un 36% combina grandes superficies con autoservicios de cercanía. El objetivo es claro: cazar el descuento del día para mitigar el impacto en el bolsillo.
Multibilleteras: el fin de la lealtad financiera
Otro rasgo de este 2026 es la fragmentación de los medios de pago. Solo el 10% de los usuarios se maneja con una única tarjeta. En promedio, cada argentino cuenta con cinco alternativas financieras y utiliza habitualmente cuatro de ellas.
Esta conducta marca el fin de la lealtad a las entidades bancarias. Apenas el 30% prioriza su medio de pago principal; el resto evalúa cada transacción en función de la conveniencia inmediata, el reintegro o la promoción del momento. La tarjeta de crédito, en este contexto, ha dejado de ser un símbolo de estatus o comodidad para transformarse en una soga que, aunque permite seguir respirando, aprieta cada vez más fuerte el cuello de la economía hogareña.
