Morosidad familiar en Argentina alcanza su máximo nivel en 22 años
La tasa de incumplimiento crediticio de los hogares escaló al 11,2% en febrero, impulsada por el costo del financiamiento y la pérdida de poder adquisitivo, marcando un récord desde 2004.
El sistema financiero argentino atraviesa un momento de tensión estructural que no se registraba desde la salida de la crisis de la convertibilidad. Según el último informe de la consultora 1816, basado en datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), la morosidad familiar trepó al 11,2% en febrero de 2026. Este indicador no solo representa el decimosexto mes consecutivo de incrementos, sino que expone una realidad alarmante: en apenas 16 meses, la irregularidad en los pagos se multiplicó por cuatro, pasando del 2,5% registrado en octubre de 2024 a los niveles actuales de dos dígitos.
El impacto en préstamos personales y tarjetas
Dentro del ecosistema bancario tradicional, el deterioro de la cartera de consumo es evidente. Los préstamos personales se posicionan como el segmento más crítico, con una tasa de morosidad familiar que alcanzó el 13,2% en enero, lo que implica un salto de 2,2 puntos porcentuales en solo treinta días. Las tarjetas de crédito, herramienta fundamental para el sostenimiento del consumo diario en los hogares argentinos, no se quedan atrás; el incumplimiento en los plásticos trepó al 11%, reflejando la dificultad creciente de las familias para cancelar incluso los pagos mínimos.
Este fenómeno tiene una correlación directa con la política de tasas de interés. Actualmente, la tasa nominal anual (TNA) para préstamos personales en la banca tradicional ronda el 70%. Sin embargo, al calcular la tasa efectiva anual (TEA), el costo real del financiamiento se aproxima al 100%. En un contexto de salarios que aún intentan recuperarse de la licuación sufrida durante el último año, el costo del dinero se ha vuelto prohibitivo para el presupuesto promedio de una familia de clase media.
La crisis profunda en el sector no bancario
Si las cifras bancarias son preocupantes, el escenario en las entidades no financieras y billeteras virtuales es drástico. En este sector, que suele atender a los estratos de menores ingresos o a trabajadores informales excluidos del crédito tradicional, la mora rozó el 30% en febrero. Este segmento es particularmente sensible, ya que las tasas aplicadas suelen ser sensiblemente superiores a las del sistema regulado, operando muchas veces como un mecanismo de «endeudamiento de supervivencia».
De acuerdo con un relevamiento de la consultora Focus Market, la profundidad de este problema se mide en capilaridad: 6 de cada 10 hogares en Argentina poseen algún tipo de deuda no bancaria. El endeudamiento total de las familias ya supera los $39 billones, una cifra que pone de manifiesto cómo el crédito, que debería ser una palanca de crecimiento o inversión, se ha transformado en un salvavidas de plomo para cubrir gastos corrientes.
Causas y consecuencias del modelo económico
La situación actual es el resultado de una combinación de factores macroeconómicos que han presionado la capacidad de pago del sector privado. El programa económico liderado por Javier Milei ha priorizado el ordenamiento fiscal y la estabilidad de precios a largo plazo, pero el camino ha estado marcado por tasas de interés que multiplican el costo del crédito y una erosión del salario real que, aunque muestra signos de estabilización, todavía no compensa el daño acumulado durante 2024 y 2025.
Muchos hogares recurrieron al financiamiento para costear servicios básicos, alimentos y medicamentos durante los meses más agresivos del ajuste. Al no producirse una recuperación de ingresos lo suficientemente robusta, esa deuda técnica se ha transformado en mora efectiva. El riesgo latente es que este nivel de incumplimiento comience a afectar la liquidez del sistema o, en su defecto, genere una contracción del crédito aún mayor, enfriando cualquier intento de reactivación económica por la vía del consumo interno.
Perspectivas y cierre
El 11,2% de morosidad familiar es una señal de alerta que las autoridades monetarias no podrán ignorar en los próximos meses. Mientras el Banco Central intenta equilibrar la inflación con la actividad económica, el sector financiero empieza a mostrar las cicatrices de un proceso de ajuste prolongado. La capacidad de las familias para desendeudarse dependerá, en última instancia, de una baja sostenida en las tasas de interés y de una recomposición salarial que permita pasar de un modelo de «consumo a crédito» a uno basado en ingresos reales.
