El salario y el empleo desplazan a la inflación como el mayor temor de los argentinos
Un relevamiento de la consultora Trespuntozero revela que los bajos ingresos son la principal preocupación personal para el 43,8% de los encuestados. El miedo a la desocupación escala posiciones en un escenario de fuerte recesión.
El mapa de las preocupaciones sociales en Argentina ha sufrido un vuelco drástico en el inicio de 2026. Tras años de hegemonía de la inflación como el principal enemigo público, el foco de angustia social se ha desplazado hacia la insuficiencia de los ingresos y el fantasma del desempleo. Según el último estudio de la consultora Trespuntozero, dirigida por Shila Vilker, los bajos salarios encabezan la lista de problemas tanto a nivel nacional como personal.
El informe, realizado a mediados de marzo, refleja el impacto de un ajuste económico que ha erosionado el poder adquisitivo de manera acelerada. Para los argentinos, la preocupación ya no es solo cuánto aumentan los precios, sino la incapacidad material de alcanzarlos con los sueldos actuales.
Radiografía de la preocupación nacional
Al ser consultados sobre el principal problema que atraviesa el país, los encuestados ubicaron a los bajos salarios (26,4%) en el primer puesto, seguidos de cerca por la corrupción (25,3%). Este último dato sugiere que, a pesar de la crisis económica, la demanda de transparencia institucional sigue vigente en el imaginario colectivo.
La desocupación, que durante años se mantuvo en niveles bajos de preocupación, hoy escala al tercer lugar con un 18%, superando ampliamente a problemas que históricamente rankeaban alto, como la inflación (6%) y la inseguridad (3,9%).
El impacto en la esfera personal
Cuando el análisis se traslada al plano individual —»¿Cuál es el problema que más le afecta a usted?»—, los números son aún más contundentes. Casi la mitad de la población consultada (43,8%) señala a los bajos salarios como su principal conflicto cotidiano.
Esta percepción se desglosa con matices de género interesantes:
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Hombres: El 32,6% identifica los salarios bajos como su mayor inquietud.
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Mujeres: La preocupación alcanza al 20,7% en este segmento, donde suelen aparecer otras variables de vulnerabilidad social.
En este nivel personal, la desocupación (11,7%) y la pobreza (11,1%) también relegan a la inflación (8,4%) a un cuarto lugar, lo que marca un cambio de paradigma: la sociedad parece haber «naturalizado» o aceptado la dinámica de precios, pero ha entrado en una etapa de desesperación por la falta de liquidez y la estabilidad del puesto de trabajo.
«El dato refleja que la crisis ya no es solo de precios, sino de subsistencia básica. La preocupación por el salario triplica a la de la inflación en el ámbito personal».
El detalle por franja etaria y sectores
El estudio hace especial hincapié en el segmento mayor de 30 años, donde la presión por el sostenimiento del hogar es máxima. En este grupo, la combinación de tarifas en aumento y sueldos estancados ha generado un «efecto pinza» que explica por qué la inseguridad o la educación han quedado relegadas en el orden de prioridades urgentes.
En el extremo opuesto de la tabla, temas como el medio ambiente y la salud (0,3%) aparecen como preocupaciones marginales frente a la urgencia económica, lo que evidencia un electorado volcado casi exclusivamente a la resolución de sus necesidades materiales inmediatas.
