Corrupción y «Adorni Week»: El capital político de Milei entra en zona de riesgo
El escándalo del viaje a Nueva York del jefe de Gabinete dispara la preocupación por la ética pública al 40%, superando a la inflación y golpeando el núcleo joven de La Libertad Avanza.
La administración de Javier Milei atraviesa su momento más crítico en términos de opinión pública desde el inicio de la gestión. Lo que el oficialismo intentó instalar como la «Argentina Week» en el exterior terminó mutando en la «Adorni Week», un fenómeno comunicacional negativo que ha puesto al jefe de Gabinete y vocero, Manuel Adorni, en el ojo de la tormenta. Según informes de una prestigiosa encuestadora que circulan en los despachos de Balcarce 50, la corrupción oficial ha desplazado a la inflación como la principal preocupación de los argentinos, alcanzando un alarmante 40% de menciones en el mapa de calor social.
El quiebre de la narrativa libertaria
El detonante de esta crisis de imagen fue el viaje presidencial a Nueva York, donde Adorni decidió incluir a su esposa bajo el argumento de que ella iba a «deslomarse» durante la gira. Esta justificación, lejos de aplacar las críticas, rompió el espejo de austeridad que el Gobierno intenta proyectar. El error autoinfligido es particularmente costoso porque impacta directamente en la franja de votantes jóvenes, el sector que constituye el cimiento electoral de La Libertad Avanza y que hoy manifiesta una creciente inquietud por la transparencia gubernamental.
Detrás de la corrupción, el sistema político, el endeudamiento y el desempleo completan el cuadro de prioridades de una sociedad que empieza a mostrar signos de agotamiento. La estrategia de reivindicar una inflación mesetada en el 3% —cifra que no logra perforarse desde hace siete meses— ya no es suficiente para contener el malhumor social ante el cierre de puestos de trabajo y las dificultades para llegar a fin de mes.
Internas en ebullición y el «factor Karina»
En el entorno presidencial, la desconfianza es absoluta. Fuentes cercanas al «karinismo» aseguran que la filtración de los detalles del viaje provino del propio riñón oficialista, apuntando las sospechas hacia el asesor Santiago Caputo. Sin embargo, el margen de maniobra es escaso: en la lógica de poder de la Casa Rosada, «entregar a Adorni es entregar a Karina». Esta máxima obliga a los distintos sectores internos a sostener al ministro coordinador, a pesar de que su figura ha quedado asociada a una «costra que no cicatriza».
El problema para Milei es que la crisis de Adorni ocurre en un año no electoral, lo que acelera el consumo del capital político acumulado. Al ser Adorni uno de los arquitectos de la comunicación libertaria, su pérdida de credibilidad triza uno de los pilares fundamentales del modelo. Cada vez que el vocero tome la palabra, la sombra del escándalo empañará la agenda oficial, dificultando la tarea de cauterizar una herida que, por ahora, sigue abierta.
Conclusión
El Gobierno se encuentra jaqueado por una realidad que sus propios números confirman: el microclima de optimismo posterior a la victoria electoral se está disipando frente a una agenda de corrupción y crisis económica. La «motosierra» ya no garantiza el apoyo popular si el ajuste no se aplica de manera equitativa entre la ciudadanía y la clase dirigente. Sin una agenda positiva que logre desplazar el affaire Adorni, el oficialismo corre el riesgo de transitar el resto de su tercer año de gestión con una imagen pública en franco retroceso.
