Panaderías en crisis: las ventas caen hasta un 70% en 2026

El consumo de pan retrocedió un 45% mientras que la repostería y sandwichería lideran el derrumbe. Advierten por el cierre de 2000 comercios y miles de despidos.

La estrepitosa caída del consumo masivo en Argentina ha perforado incluso la base de la pirámide alimentaria: el pan. Según datos del Centro de Panaderos de Merlo, el despacho de pan francés cayó un 45% en lo que va de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior, mientras que productos de mayor valor agregado, como la repostería y la sandwichería, registran un derrumbe del 70%, evidenciando una crisis terminal en el sector panaderil.

El fin del alimento básico en la mesa argentina

La situación descrita por Martín Pinto, titular de la entidad, no es un fenómeno aislado de la provincia de Buenos Aires, sino un reflejo de una tendencia nacional que combina la pérdida del poder adquisitivo con un cambio forzado en los hábitos de consumo. El pan, históricamente considerado un refugio ante las crisis económicas por su bajo costo relativo y su capacidad de saciedad, hoy pierde terreno frente a una inflación que no da tregua y salarios que permanecen estancados.

Durante el primer trimestre de 2026, las estadísticas del sector muestran una realidad alarmante. La caída del 45% en las ventas de panificados básicos es el piso de una crisis que se profundiza en las vitrinas de confitería. Los consumidores han recortado drásticamente los gastos en productos que hoy se consideran «de lujo», como facturas, masas finas y tortas, lo que reduce el margen de ganancia de los comerciantes, quienes suelen compensar el bajo precio del pan con estos artículos de mayor rentabilidad.

Un sector acorralado por los costos fijos

A la par de la retracción de la demanda, las panaderías enfrentan una estructura de costos que se vuelve insostenible. Los aumentos en los servicios públicos —electricidad y gas—, autorizados por el gobierno nacional, impactan de lleno en los hornos que deben permanecer encendidos durante largas jornadas. A esto se suma el incremento constante en los combustibles, que encarece la logística de distribución, y la suba de las materias primas como la harina, las grasas y el azúcar.

Desde el Centro de Panaderos de Merlo advierten que, a pesar del «recalentamiento» de los costos de producción, los precios al público no han subido en la misma proporción. Los panaderos se encuentran en una encrucijada: si trasladan los aumentos a los mostradores, la demanda termina de desplomarse; si no lo hacen, trabajan a pérdida. Esta dinámica ha llevado a que el margen de ganancia sea prácticamente inexistente para los pequeños y medianos comercios de barrio.

El saldo social: cierres y desempleo

Las consecuencias de este escenario ya se traducen en cifras dramáticas de desindustrialización comercial. Se estima que, desde el inicio de la gestión de Javier Milei, aproximadamente 2000 panaderías han cerrado sus puertas a nivel nacional. Este fenómeno no solo implica la pérdida de capital para los propietarios, sino que arrastra consigo unos 12.000 puestos de trabajo directos.

El sector critica con dureza la falta de intervención de la Secretaría de Comercio del Ministerio de Economía. Desde diciembre de 2023, se desmantelaron las políticas de administración de precios y los subsidios que ayudaban a amortiguar el impacto del precio internacional del trigo en el mercado interno. «Este gobierno sigue con la motosierra y nos va a llevar al exterminio de las panaderías», sentenció Pinto, señalando que el abandono estatal deja a los comerciantes a merced de un mercado interno deprimido.

Perspectivas para el invierno de 2026

Con la llegada de los meses más fríos, época donde estacionalmente el consumo de panificados suele aumentar, la expectativa del sector es de un escepticismo profundo. Sin una recuperación real de los ingresos de los hogares o una política de fomento al consumo masivo, los industriales panaderos temen que el goteo de cierres se transforme en una hemorragia.

La crisis de las panaderías es, en última instancia, un termómetro de la situación social en Argentina. Cuando un país deja de comprar pan, el tejido social básico se encuentra en estado de emergencia. El reclamo de los panaderos no es solo por su rentabilidad, sino por la supervivencia de un oficio que alimenta diariamente a millones y que hoy se ve amenazado por una política económica que prioriza el equilibrio fiscal sobre el consumo popular.