Alarma climática: la Antártida perdió más de 12.800 kilómetros de línea de apoyo en tres décadas

Un estudio internacional revela que el 23% del continente helado sufre un retroceso acelerado. El glaciar Smith lidera las pérdidas con un repliegue de 42 kilómetros debido al calentamiento oceánico.

La estabilidad del «gigante blanco» muestra fisuras preocupantes. Una investigación liderada por la Universidad de California y publicada en la revista PNAS ha cartografiado la evolución de la línea de apoyo de la Antártida entre 1992 y 2025. Los resultados son contundentes: en apenas 30 años, el continente ha perdido más de 12.800 kilómetros de esta franja crítica, que funciona como el anclaje donde el hielo deja de tocar tierra firme y comienza a flotar en el océano.

Aunque el 77% de la costa antártica permanece estable, el 23% restante está reaccionando con una velocidad inesperada ante el cambio climático. Eric Rignot, autor principal del estudio e investigador de la NASA, comparó la situación de las áreas afectadas con un «castillo de naipes»: una vez que el sistema pierde su punto de apoyo, la vulnerabilidad del resto de la estructura aumenta exponencialmente.

Los puntos críticos: glaciares en retirada

El retroceso no es uniforme, pero se concentra con violencia en la Antártida Occidental, específicamente en los mares de Amundsen y Bellingshausen. Los datos obtenidos mediante 15 misiones satelitales muestran cifras récord de repliegue:

  • Glaciar Smith: Registró un retroceso de 42 kilómetros.

  • Glaciar Thwaites: Conocido como el «glaciar del juicio final» por su potencial para elevar el nivel del mar, retrocedió 26 kilómetros.

  • Plataforma Getz: Presenta una de las dinámicas de fundición más rápidas del continente.

En términos de superficie, la capa de hielo se ha retraído a un ritmo de 442 kilómetros cuadrados por año. Para dimensionar la magnitud, la pérdida acumulada en las zonas vulnerables equivale a diez veces el tamaño de la ciudad de Los Ángeles.

El enemigo invisible: aguas cálidas subterráneas

La causa principal de este fenómeno no es el aumento de la temperatura ambiental, sino la intrusión de aguas oceánicas cálidas bajo las plataformas de hielo. Este proceso funde los glaciares desde abajo, debilitando su base y permitiendo que el agua penetre cada vez más hacia el interior del continente.

Este fenómeno se ve potenciado por cambios en los patrones de viento, también vinculados al calentamiento global, que empujan las corrientes templadas hacia la costa antártica. Según Rignot, los glaciares situados cerca de estas fuentes de calor han sido los primeros en ceder, facilitando que el hielo fluya con mayor rapidez hacia el mar.

Tecnología satelital y el «cambio de paradigma»

Para alcanzar esta precisión diagnóstica, el equipo científico combinó datos de agencias espaciales con radares de apertura sintética provistos por el sector privado. Esta tecnología permite observar el movimiento del hielo incluso en condiciones de oscuridad total o nubosidad persistente, algo vital para el monitoreo polar.

El acceso a estos datos de alta resolución representa un salto cualitativo para la glaciología. «Supera con creces lo que teníamos disponible anteriormente», señaló Rignot, destacando que ahora es posible identificar puntos críticos con una antelación que antes era imposible. La advertencia final es clara: aunque la mayor parte del continente se mantiene firme, el colapso de las zonas en retroceso podría acelerar drásticamente el aumento del nivel del mar a nivel global.