El consumo de lácteos inició el 2026 con una caída del 5,6%
El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina advirtió que la venta de productos esenciales continúa en retroceso, marcando una profundización de la tendencia recesiva que afecta la nutrición básica.
El consumo de lácteos en Argentina no logra encontrar un piso. Según el último informe del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el primer mes de 2026 confirmó la persistencia del enfriamiento en las ventas, consolidando la tendencia negativa que arrastra el sector desde 2024. Durante enero, el volumen de productos comercializados registró una caída interanual del 5,6%, mientras que la medición en litros de leche equivalentes —que mide el impacto real sobre la producción primaria— arrojó un retroceso del 4,9%. Estas cifras exponen la fragilidad de la canasta básica frente a la pérdida del poder adquisitivo.
Un enero de números rojos para el sector lácteo
A pesar de que el volumen vendido mostró una leve suba mensual del 2,6% respecto a diciembre, la comparación anualizada revela la gravedad del escenario. Tras un 2024 que cerró con un desplome del 9,0% y un 2025 que intentó una recuperación parcial, el inicio del presente año vuelve a situar las métricas en terreno negativo. Al medir el desempeño en litros de leche equivalentes frente a diciembre, la caída fue del 8,0%, lo que evidencia que se están consumiendo productos con menor densidad láctea o de menor valor agregado.
El relevamiento del OCLA abarca aproximadamente el 80,2% del comercio formal bajo el sistema de Liquidación Única Mensual Electrónica. Sin embargo, el informe advierte que este escenario excluye las ventas informales y canales alternativos, los cuales suelen incrementarse en periodos de crisis económica como refugio para los consumidores que no acceden a las góndolas tradicionales.
Radiografía del consumo: qué compran hoy los argentinos
El comportamiento del mercado ha sido dispar, reflejando estrategias de supervivencia en el hogar. Las leches en polvo lideraron las bajas, siendo uno de los productos que más ha sufrido la contracción. Por el contrario, los quesos —principal destino de la producción nacional— mostraron una leve recuperación interanual del 1,9% en volumen, aunque sus ventas fueron inferiores a las registradas en el mes de diciembre.
Un dato preocupante es el cambio estructural en la demanda. La inflación y el deterioro de los ingresos reales han impulsado el crecimiento de productos sustitutos de menor costo. En las góndolas ganan terreno las «bebidas lácteas», margarinas y productos «rayados», que reemplazan a los quesos y leches tradicionales pero no siempre aportan el mismo valor nutricional. Asimismo, las leches no refrigeradas (larga vida) siguen ganando participación sobre las refrigeradas, una tendencia que se ha consolidado en la última década por razones de precio y conservación.
Resignar precio para sostener el volumen
Desde el sector industrial señalan que gran parte de las ventas que aún se sostienen lo hacen a costa de la rentabilidad empresarial. Durante 2025 y el inicio de 2026, las compañías han recurrido a promociones agresivas y ventas por peso para evitar un desplome mayor. Se ha observado un fenómeno inusual: primeras marcas ofreciendo precios similares o incluso inferiores a las segundas líneas para captar la demanda residual.
La prevalencia de productos «commodities» como el queso cremoso o la barra, en detrimento de especialidades de mayor valor, marca un retroceso en la sofisticación del consumo. Con una inflación que no da tregua y un consumo interno tensionado, el desempeño de los lácteos se posiciona como el termómetro más fiel —y doloroso— del ajuste que sufren las familias argentinas en su alimentación diaria.
