Kicillof abrió las sesiones con duras críticas a Milei: «Ninguna provincia se salva si el país se hunde»
El gobernador bonaerense inauguró el 154° período legislativo con un fuerte rechazo al modelo económico nacional. Convocó a sus pares a construir una alternativa frente al ajuste y la recesión.
En un clima de alta tensión política y marcada polarización, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó este lunes la apertura del 154° período de sesiones ordinarias en la Legislatura provincial. Durante un discurso que se extendió por una hora y media ante la Asamblea Legislativa, el mandatario bonaerense trazó un diagnóstico sombrío sobre la realidad nacional, calificó la gestión de Javier Milei como un «fracaso económico» y realizó un llamado estratégico a los gobernadores de todo el arco político para frenar lo que denominó la desintegración del Estado.
Un laboratorio de «derecha extrema»
Kicillof inició su alocución situando la experiencia argentina en un contexto global de ascenso de extremismos. Para el gobernador, el país se ha convertido en un «laboratorio» donde se aplica un proyecto que «exalta el odio» y utiliza la humillación como método político. Según su visión, el autoritarismo oficialista corre en paralelo con un plan económico que vacía de contenido social a la democracia, generando niveles de exclusión y desigualdad inéditos en la historia reciente.
El mandatario provincial fue incisivo al señalar que las críticas al rumbo actual ya no provienen únicamente de la oposición política. «Desde Paolo Rocca a Domingo Cavallo, todos le están señalando al Presidente lo que es evidente: la Argentina no va bien», sentenció, enumerando el cierre de empresas, el aumento de los despidos y la pérdida del poder adquisitivo como pruebas irrefutables de que los pronósticos de recuperación rápida no se cumplieron tras dos años de mandato libertario.
El impacto del «industricidio» en Buenos Aires
Como principal responsable de la provincia que concentra el corazón productivo del país, Kicillof puso especial énfasis en la crisis del sector secundario. Denunció que el plan ejecutado por Milei y el ministro Luis Caputo busca imponer un modelo de «primarización productiva y precarización laboral», similar al de países vecinos, que atenta directamente contra la existencia de la clase media argentina.
Para el gobernador, la mentada «mano invisible del mercado» es una construcción discursiva que oculta una transferencia de recursos hacia una minoría extranjerizada. «La Argentina corre el riesgo de perder sus rasgos productivos y culturales más destacados si seguimos seis años más por este rumbo», advirtió, tras describir un escenario de familias endeudadas, pymes quebradas y sectores de la ciencia y la cultura desfinanciados.
Convocatoria federal ante la «deserción» nacional
La parte más propositiva del discurso estuvo dirigida a sus colegas de otras provincias. Bajo la premisa de que «ninguna provincia se salva si el país se hunde», Kicillof instó a los gobernadores a unir fuerzas para construir una alternativa nacional que reemplace al Estado que, según él, ha desertado de sus funciones básicas.
El llamado busca trascender las fronteras del peronismo, apelando a la necesidad de evitar un «país fallido». En este sentido, propuso trabajar por una Argentina federal que no se rinda ante los condicionamientos externos y que recupere la senda del crecimiento con inclusión. «No existe un gobierno provincial que por sí solo pueda reemplazar a un Estado nacional que se desintegra», admitió con pragmatismo.
El mensaje final: «Hay otro camino»
Pese a la dureza del diagnóstico, el cierre del discurso estuvo signado por una voluntad de esperanza política. Kicillof buscó sacudir la idea de inevitabilidad del ajuste, afirmando que la situación actual es el resultado directo de decisiones políticas y no una consecuencia natural de la economía.
«No estamos condenados a esta pesadilla», concluyó ante el aplauso de la militancia y los legisladores oficialistas. Con estas palabras, el gobernador se posicionó no solo como el principal opositor al modelo de Milei, sino como el articulador de una propuesta productiva y soberana de cara a los desafíos electorales y sociales que se avecinan en el país.
