El consumo profundiza su desplome en el inicio de 2026: cayó 7% en enero
La crisis de ingresos y la inflación persistente impactaron de lleno en los hogares argentinos, provocando una caída mensual del 7% y una retracción interanual del 1,1% en las ventas.
El escenario económico de principios de 2026 consolida una tendencia preocupante para el mercado interno argentino. Según el último relevamiento de la consultora Scentia, el consumo masivo inició el año con cifras alarmantes: una caída del 7% respecto a diciembre y un retroceso interanual del 1,1%. Estos datos no solo reflejan un enfriamiento estacional tras las fiestas, sino que exponen una crisis de ingresos estructural que obliga a las familias a realizar ajustes drásticos en su canasta básica.
Radiografía de un desplome generalizado
El informe destaca que la retracción no discriminó canales de venta ni geografías. Las grandes cadenas de supermercados sufrieron el impacto más agudo en la comparación mensual, con un desplome del 15,4% frente a diciembre. Este sector también registró una baja del 3,3% respecto a enero de 2025, lo que marca un inicio de año considerablemente más débil que el anterior.
Por su parte, los comercios de cercanía y autoservicios independientes no quedaron al margen. En la medición intermensual, estos establecimientos registraron un retroceso del 12,5%. Al observar la perspectiva anual, las ventas en este canal tradicional cayeron un 4,2%, acumulando una contracción superior al 20% en los últimos doce meses. Incluso el segmento de E-commerce, habitualmente más resiliente, mostró una caída del 11% contra el último mes de 2025.
Inflación y pérdida del poder adquisitivo
El factor determinante detrás de estos números es el recalentamiento de la inflación y su impacto directo en el bolsillo. Aunque la facturación nominal muestra incrementos debido al aumento de precios, el volumen de unidades comercializadas revela una realidad inobjetable: los argentinos compran menos.
El consumidor actual ha transformado sus hábitos de manera forzosa:
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Priorización de básicos: Se reducen drásticamente las compras en categorías no esenciales o discrecionales, donde las bajas alcanzan el 10% interanual.
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Ajuste en alimentos e higiene: Incluso en rubros tradicionalmente estables, se observan caídas en volumen, lo que indica que el recorte alcanzó niveles de consumo elemental.
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Dependencia de promociones: El sostenimiento del volumen de ventas depende hoy, casi exclusivamente, de ofertas agresivas y opciones de financiación que apenas logran mitigar la caída.
Un primer trimestre bajo señales de alerta
La magnitud del descenso en enero marca un precedente negativo para el resto del primer trimestre. Si bien es habitual una desaceleración tras el pico de consumo de diciembre, un derrumbe del 7% desestacionalizado sugiere que la recesión se está profundizando. La combinación de una inflación que no cede y salarios que no logran recomponerse en términos reales configura un escenario de debilidad extrema para el mercado interno.
Sin planes oficiales de expansión del gasto o medidas de estímulo al consumo, el horizonte para el comercio minorista sigue siendo sombrío. La «gestión del bolsillo» mencionada por analistas sociales se vuelve hoy una estrategia de supervivencia para los hogares, mientras el sector comercial aguarda señales de una estabilidad que, por ahora, parece lejana.
