Deuda de los hogares: el sistema financiero enfrenta un récord histórico de morosidad
El Banco Central reportó niveles de irregularidad inéditos en créditos personales y tarjetas durante diciembre. La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias al límite financiero.
La economía argentina cerró el año 2025 bajo una señal de alerta roja para el consumo y el bienestar social. Según el último informe de estabilidad financiera del Banco Central (BCRA), el endeudamiento de las familias no solo creció en volumen, sino que alcanzó niveles de morosidad nunca antes registrados. En un mes donde estacionalmente el cobro del sueldo anual complementario suele aliviar las cuentas, la profundidad de la crisis de ingresos invirtió la tendencia, consolidando un escenario de extremo riesgo sistémico.
El síntoma de la crisis: la mora en niveles críticos
Los datos oficiales correspondientes a diciembre de 2025 revelan una fractura en la capacidad de pago de los sectores medios y bajos. La morosidad en los créditos personales escaló al 12%, mientras que en las tarjetas de crédito se ubicó en el 9,3%. Estas cifras son calificadas por analistas como «inéditas», ya que superan ampliamente los promedios históricos, incluso en periodos de recesión previa.
El fenómeno describe una dinámica perversa: ante la inflación persistente que erosiona el salario real, los hogares no recurren al crédito para inversión o bienes durables de forma genuina, sino para financiar el consumo cotidiano o refinanciar deudas previas. Esta «rueda» financiera ha comenzado a trabarse, evidenciando una tensión creciente en la cadena de pagos que ya se traslada al tejido social.
Expansión del crédito en un entorno recesivo
A pesar del deterioro en la calidad de la cartera, el financiamiento al sector privado mostró una expansión notable. En términos reales, los préstamos en pesos crecieron un 27,4% durante el último año, mientras que las líneas en moneda extranjera saltaron un 73%. Este incremento elevó la exposición del sistema financiero al sector privado hasta alcanzar el 43,9% del activo total.
Dentro de este ecosistema, los créditos destinados a familias ya representan casi el 20% del activo bancario. El segmento hipotecario, pese al contexto adverso, sumó cerca de 43.700 nuevos deudores en el año, con 3.000 altas solo en el mes de diciembre. Sin embargo, lo que en otro contexto sería una señal de dinamismo, hoy se interpreta como una mayor vulnerabilidad: más hogares están atados a compromisos de largo plazo en un marco de ingresos volátiles.
Empresas vs. Hogares: la brecha de la irregularidad
El informe del BCRA permite trazar una distinción clara entre el comportamiento corporativo y el familiar. Mientras que la mora de las empresas se mantuvo en un manejable 2,5%, el ratio de irregularidad general de las familias trepó al 9,3%. Esta brecha de casi 7 puntos porcentuales confirma que la presión financiera golpea con mayor saña a los individuos, quienes carecen de las herramientas de cobertura o espalda financiera que poseen las grandes firmas.
Otro indicador de alerta es el sistema de pagos mediante cheques. El ratio de documentos rechazados por falta de fondos alcanzó el 2,22% en cantidades, lo que representa un salto de 1,45 puntos porcentuales respecto al año anterior. Este dato suele ser el «canario en la mina» que anticipa crisis mayores en el comercio minorista y las PyMEs.
Solidez bancaria frente al estrés social
A pesar de la gravedad de las cifras de morosidad, el sistema financiero mantiene, por ahora, una coraza regulatoria sólida. Los bancos cuentan con una integración de capital equivalente al 28,6% de los activos ponderados por riesgo y las previsiones cubren el 93% de la cartera irregular. Esto implica que, aunque los hogares estén en crisis, las entidades tienen reservas para absorber las pérdidas.
Sin embargo, los especialistas advierten que la solidez técnica de los bancos no mitiga el drama social. Si la actividad económica no muestra una recuperación inmediata y los ingresos continúan perdiendo la carrera contra la inflación, el endeudamiento récord dejará de ser una estadística bancaria para transformarse en un factor de exclusión financiera masiva.
Un desafío de sostenibilidad
El cierre de 2025 deja una lección contundente: el crecimiento del crédito por encima de la recuperación salarial es un camino de corto aliento. El peso de la deuda sobre las familias argentinas ha llegado a un punto de inflexión. Sin una mejora en el poder de compra, el sistema financiero podría enfrentarse a una morosidad estructural que comprometa no solo el consumo futuro, sino la estabilidad misma de los balances bancarios en 2026.
