Crisis en plataformas: repartidores deben realizar un 8% más de pedidos para subsistir
Un informe de la Fundación Encuentro revela que los trabajadores de Rappi y Pedidos Ya necesitan aumentar su jornada laboral ante la pérdida de poder adquisitivo del ingreso real.
En el complejo escenario económico actual, donde la inflación y la caída del salario real reconfiguran el mercado de trabajo, los sectores más flexibles son los primeros en sentir el impacto. Los trabajadores de plataformas de delivery, un eslabón clave de la economía digital, se ven obligados a redoblar esfuerzos físicos y horarios para mantener niveles básicos de consumo. Según un reciente relevamiento de la Fundación Encuentro, la erosión de los ingresos ha provocado que un repartidor deba realizar, en promedio, un 8% más de entregas para cubrir necesidades esenciales como la canasta básica o el alquiler.
La multiplicación de viajes como estrategia de supervivencia
El fenómeno, lejos de ser una elección de mayor productividad, se presenta como una respuesta forzada ante la crisis. El análisis del coeficiente Alcance de Pedido Promedio (APP) muestra una tendencia ascendente preocupante durante el último trimestre de 2025. Mientras que en octubre se requerían 421 pedidos para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) de un hogar tipo, en diciembre esa cifra escaló a 454 pedidos.
Este incremento de 33 entregas adicionales en apenas tres meses no solo representa una mayor carga horaria, sino también un aumento en los costos operativos que el trabajador asume de forma privada: combustible, mantenimiento del vehículo, seguros y datos móviles. La brecha entre el valor nominal de cada pedido y el costo de vida se ensancha, obligando a los repartidores a «correr» detrás de los precios.
Radiografía del costo de vida en «pedidos»
El informe desglosa el impacto de la crisis según diferentes rubros de gasto, permitiendo visualizar la pérdida de valor del trabajo en plataformas:
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Vivienda: El alquiler de un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires exigía 158 pedidos en octubre; para diciembre, la cifra subió a 167.
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Crianza: Cubrir la canasta de un niño promedio demandó 170 pedidos al cierre del año, ocho más que al inicio del trimestre.
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Alimentación: La Canasta Básica Alimentaria individual pasó de 58 a 63 pedidos en el mismo período.
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Obligaciones: El pago del Monotributo (Categoría A) se mantuvo estable en 12 pedidos, al igual que el costo de llenar un tanque de nafta, que ronda los dos viajes.
Esta dinámica evidencia que, aunque ciertos costos fijos o impositivos se mantengan estables, los gastos variables y de consumo masivo —que son los que más han sufrido la inflación— están desbordando la capacidad de generación de ingresos de los trabajadores independientes.
El contexto laboral: del sector formal a la precariedad
La situación de los repartidores no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un mercado laboral formal en retroceso. Los datos indican que el empleo asalariado registrado acumuló siete meses de caída, con una pérdida de 23.400 puestos solo en noviembre. Esta destrucción de empleo en los sectores público y privado actúa como un «expulsor» de trabajadores hacia las aplicaciones de delivery, aumentando la oferta de repartidores en un momento donde el consumo también muestra signos de fatiga.
En paralelo, el debate por la reforma laboral en el Congreso añade una capa de incertidumbre. Mientras el Gobierno busca consolidar esquemas de trabajo por fuera de la relación de dependencia, los sindicatos y organizaciones sociales advierten que estas medidas solo profundizarán la precariedad de quienes, hoy por hoy, deben trabajar más horas simplemente para no caer bajo la línea de pobreza.
El límite de la flexibilidad
La realidad de los trabajadores de Rappi y Pedidos Ya expone la cara más cruda de la denominada «economía gig». Si bien el sistema de plataformas se promociona bajo la premisa de la autonomía, la dependencia del algoritmo y la inflación transforman esa libertad en una jornada extendida sin red de contención. El incremento del 7,8% en la cantidad de pedidos necesarios para sobrevivir es una señal de alerta sobre el límite de resistencia de un sector que se ha convertido en el refugio de miles de argentinos ante la falta de alternativas en el mercado formal.
