La mitad de los adultos no tiene tiempo para jugar con sus hijos
Expertos del Hospital de Clínicas advierten sobre el impacto del "multiempleo" y las pantallas en el desarrollo infantil, alertando por un incremento en la depresión y la ludopatía juvenil.
El juego como pilar del neurodesarrollo
Para los especialistas, el juego no es una mera distracción, sino una herramienta biológica y social indispensable. Según la doctora Silvia Ongini, psiquiatra Infanto-Juvenil del Hospital de Clínicas, la actividad lúdica permite al niño adquirir destrezas, reconocer el mundo y construir su identidad. «Es fundamental que el juego sea presencial, donde se pueda escuchar y tolerar la pérdida», señala la profesional, destacando que la interacción humana es irreemplazable por cualquier algoritmo.
La crisis del tiempo familiar coincide con un contexto de debate legislativo sobre la reforma laboral, que plantea jornadas de hasta 12 horas. Para el mundo académico, esto agravaría la desconexión vincular, dejando a los menores a merced de dispositivos digitales que ofrecen respuestas instantáneas pero vacías de afecto y mediación adulta.
La amenaza silenciosa de las apuestas online
Uno de los riesgos más críticos de la falta de supervisión es la ludopatía infantojuvenil. Datos de UNICEF indican que la edad de inicio en las apuestas online ha descendido hasta los 13 años, facilitada por la apertura de billeteras virtuales. Al no haber un adulto que «juegue» con el niño, el menor busca refugio en plataformas que imitan la dinámica del juego pero esconden mecanismos de adicción financiera.
Desde el Hospital de Clínicas subrayan que la responsabilidad es plenamente adulta. La falta de presencia física en el hogar se traduce en una «orfandad digital» donde los cuidadores no orientan el uso de las tecnologías, exponiendo a los chicos a entornos de riesgo, ciberacoso y pornografía involuntaria.
Entre la regulación y la presencia
El debate sobre si prohibir las pantallas —como se analiza en España o Australia— o regular el mercado de plataformas está sobre la mesa. Sin embargo, los especialistas coinciden en que ninguna ley sustituye el tiempo compartido. La propuesta de los expertos es recuperar el «tiempo no apurado», permitiendo incluso el aburrimiento como motor de la creatividad, y estableciendo límites claros donde los adultos den el ejemplo desconectándose durante las comidas.
En conclusión, el juego responsable debe empezar por la responsabilidad de los padres. Reorganizar la agenda para priorizar el encuentro humano no es solo una opción pedagógica, sino una urgencia de salud mental para frenar el avance de consumos problemáticos en una infancia cada vez más solitaria frente a la pantalla.
