El cierre de empresas en la era Milei alcanza niveles críticos para el sector productivo

Datos oficiales de la SRT confirman la pérdida de casi 22.000 empleadores en dos años, afectando principalmente a la construcción y dejando a un tercio de las pymes en situación de vulnerabilidad extrema.

El ajuste económico implementado por el gobierno de Javier Milei ha generado un sismo en el tejido empresarial argentino. Según los últimos registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se produjo un cierre neto de 21.938 empresas. Esta contracción del parque productivo no solo refleja el cese de actividades de miles de unidades económicas, sino que se ha traducido en la pérdida de 290.602 puestos de trabajo formales, evidenciando una crisis de sostenibilidad que supera, en velocidad de deterioro, a periodos históricos previos de recesión.

Radiografía de una caída multisectorial

La «motosierra» oficial, caracterizada por la parálisis de la obra pública y una devaluación pronunciada al inicio de la gestión, encontró su principal víctima en el sector de la construcción. Este rubro lideró las estadísticas de bajas, arrastrado por la falta de financiamiento y la caída estrepitosa de la demanda. Solo en noviembre de 2025, el sistema registró el cierre de 892 empresas, consolidando una tendencia que no logra encontrar un piso estable.

Un dato que alarma a los analistas es la fragilidad de los nuevos emprendimientos. De acuerdo con la SRT, el 34% de los cierres registrados entre mediados de 2024 y 2025 correspondió a firmas con menos de tres años de vida. Esto sugiere que el entorno macroeconómico actual impide que las empresas jóvenes logren atravesar su etapa de consolidación, operando en un escenario de costos crecientes y ventas deprimidas.

El dilema pyme: costos versus apertura

Para el economista y referente pyme Gustavo Lázzari, el núcleo del problema reside en el desbalance de tiempos de la política económica. «La apertura le llega antes que la baja de costos a muchas empresas y así no llegan», advirtió en declaraciones recientes. Según su diagnóstico, el universo productivo nacional se encuentra fracturado en tres: las que optan por reconvertirse en importadoras, las que logran adaptarse por su salud financiera previa, y un vasto grupo —estimado en un tercio del total— que se encuentra en «zona crítica».

Esta franja de empresas «rotas y averiadas» enfrenta deudas impagables y una carencia absoluta de instrumentos financieros para la reestructuración. Con más de 341.000 planes de pago vigentes y un incremento sostenido en los cheques rechazados, la cadena de pagos muestra signos de estrés que el sistema bancario actual no logra mitigar.

Contraste en el sector cárnico

A pesar del panorama sombrío, existen nichos que logran capitalizar el nuevo esquema de desregulación. El sector de los chacinados y la carne vacuna ha mostrado un crecimiento cercano al 4% interanual. La eliminación de prohibiciones para exportar ha dinamizado el mercado, permitiendo que Argentina recupere protagonismo global. No obstante, este dinamismo es excepcional y se explica por la sustitución de proteínas y la apertura de mercados externos, un beneficio que no alcanza a la industria manufacturera volcada al mercado interno.

Hacia un nuevo modelo de rentabilidad

El escenario actual propone un cambio de paradigma: del negocio basado en el stock y la inflación, a uno basado en la rotación y la eficiencia extrema. Sin embargo, este tránsito hacia una economía más estable y abierta parece estar cobrándose un peaje elevado en términos de capital social y empleo. La informalidad laboral, que según expertos es «hija del tamaño del impuesto», sigue siendo el refugio de una estructura que no puede afrontar cargas superiores al 100% sobre el salario en un contexto de rentabilidad mínima.

La reactivación del consumo, lejos de llegar por decreto, dependerá de la capacidad del Gobierno para generar confianza política que dispare la inversión privada. Mientras tanto, los datos de organismos como ENAC o el CEPA sugieren que el ritmo de cierres —que llega a 30 pymes por día— requiere de medidas de contingencia urgentes para evitar que la «glaciación productiva» sea irreversible.