La inflación de alimentos se dispara y marca un récord semanal en el inicio de febrero

El rubro de Alimentos y Bebidas registró un alza del 2,5% en solo siete días, la cifra más alta de la gestión actual. El salto ocurre en medio de la incertidumbre por los cambios en la medición oficial del Indec y la presión sobre las paritarias.

El escenario de relativa calma en los precios parece haber llegado a su fin. En la primera semana de febrero de 2026, la inflación de alimentos y bebidas alcanzó un 2,5%, según el último relevamiento de la consultora LCG. Este dato no solo rompe con una racha de diez semanas con variaciones inferiores al 1%, sino que se posiciona como el incremento semanal más elevado desde que comenzó la presidencia de Javier Milei.

La aceleración es contundente: en las últimas cuatro semanas, la inflación promedio se duplicó, pasando a un ritmo del 1,6% mensual. Este salto en las góndolas coincide con un clima de fuerte tensión institucional debido a las modificaciones y postergaciones en torno al nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, lo que ha generado un «ruido» que ya impacta en los mercados financieros y en las expectativas de los agentes económicos.

Pan y bebidas: los motores del aumento

El informe técnico detalla que más del 75% de la inflación semanal se concentró en dos categorías de consumo masivo que mostraron variaciones extremas. Las bebidas, tanto alcohólicas como infusiones, lideraron las subas, seguidas de cerca por los productos básicos derivados de la harina.

Ranking de subas semanales:
  • Bebidas e infusiones para el hogar: 7,3%

  • Panificados, cereales y pastas: 6,0%

  • Lácteos y huevos: 2,3%

  • Comidas listas para llevar: 1,9%

El relevamiento destaca, además, un aumento en la difusión de la inflación: el 17% de la canasta analizada sufrió cambios de precios en apenas siete días, lo que evidencia una mayor dispersión y una tendencia a la remarcación que parece haberse reactivado tras el optimismo financiero de enero.

El impacto del «ruido» estadístico en la economía real

Más allá de los números de las consultoras, el conflicto en torno a la credibilidad del Indec está trasladando sus efectos al plano de la economía real. Los analistas advierten que la falta de un índice claro y aceptado por todas las partes genera tres problemas inmediatos:

  1. Paritarias sin brújula: Con la desconfianza sobre el índice oficial, los sindicatos pierden la referencia para las negociaciones salariales, lo que podría derivar en pedidos de aumento más agresivos por cobertura o en una parálisis de las discusiones.

  2. Pérdida en contratos indexados: Los jubilados, cuyos haberes se ajustan por movilidad, y los ahorristas en Plazos Fijos UVA, podrían enfrentar pérdidas reales si el índice utilizado para la indexación no refleja fielmente la suba del costo de vida.

  3. Desempeño financiero: Tras un enero positivo, los títulos y acciones argentinas mostraron caídas en las últimas jornadas, comportamiento que la consultora Outlier atribuye directamente a la inestabilidad de las estadísticas públicas.

«Esto desancla las expectativas de desinflación porque hace pensar que tocaron el índice», alertaron desde la consultora Montagu, señalando que la transparencia estadística es el pilar de cualquier programa de estabilización.

La mirada del FMI y la misión internacional

El contexto es especialmente delicado debido a que la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene previsto arribar al país en los próximos días. La actualización del IPC era uno de los compromisos asumidos por el Gobierno en el programa con el organismo.

Daniel Marx, ex negociador de la deuda, subrayó que «la sanidad de las estadísticas públicas» es una condición que el Fondo considera innegociable. La adaptación a los estándares internacionales es clave para la aprobación de la próxima revisión y para mantener el flujo de financiamiento externo, un factor que hoy se ve amenazado por la volatilidad de los precios internos y la crisis de credibilidad institucional.