El pollo reemplaza al asado: los precios cambiaron el consumo de carne
Un informe de la UADE revela que la ingesta de carne vacuna cayó un 42% desde 1990, mientras que el pollo y el cerdo ganan terreno por su ventaja económica.
El tradicional asado de los domingos ha dejado de ser el protagonista indiscutido en la mesa de los argentinos para convertirse, en muchos casos, en un artículo de lujo. Según un relevamiento del Instituto de Economía de la UADE (INECO), el patrón alimentario del país atraviesa una transformación estructural sin precedentes: entre 1990 y 2025, el consumo per cápita de carne vacuna se desplomó de 52 a solo 30 kilos anuales. Esta caída del 42% fue compensada por un crecimiento explosivo de las proteínas avícolas y porcinas, impulsado fundamentalmente por la brecha de precios.
La brecha de precios: el factor determinante
La razón detrás de este cambio de hábito es puramente económica. El informe de INECO destaca una evolución crítica en los precios relativos. Hace un cuarto de siglo, con lo que costaba un kilo de asado se podían comprar dos kilos de pollo. En la actualidad, esa relación se ha duplicado drásticamente: hoy, un kilo de asado equivale a cuatro kilos de pollo.
Esta disparidad ha forzado a los hogares a reconfigurar su canasta proteica. El consumo de pollo se disparó un 380% en el periodo analizado, mientras que el de cerdo creció un 250%. Actualmente, la carne vacuna y la avícola se reparten el 75% del mercado total en partes iguales, un escenario impensado hace tres décadas cuando la res dominaba ampliamente la dieta nacional.
El asado, en niveles máximos históricos
El análisis ajustado por inflación revela datos alarmantes sobre el costo de los cortes vacunos. A valores de diciembre de 2025, el precio promedio histórico del kilo de asado se sitúa en los $10.449. Sin embargo, el valor actual en los mostradores ronda los $15.340, lo que representa un encarecimiento del 47% por encima de su media histórica.
Este nivel de precios reales se acerca a los máximos registrados en diciembre de 2015, consolidando una tendencia ascendente de largo plazo. Para el consumidor promedio, la carne de res ha pasado de ser un alimento básico a uno cuya compra requiere una planificación financiera previa, desplazando la demanda hacia alternativas más accesibles.
La nueva configuración de la canasta cárnica
A pesar de la caída de la carne vacuna, el consumo total de proteínas cárnicas en Argentina aumentó un 12% desde 1990, lo que indica que los argentinos no han dejado de comer carne, sino que han diversificado sus fuentes debido a la pérdida del poder adquisitivo. La distribución actual del consumo se compone de la siguiente manera:
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Carne vacuna y avícola: 75% (repartido en partes iguales).
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Carne porcina: 15% (con un crecimiento sostenido).
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Pescado: 9%.
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Carne ovina: 1% (mantiene una presencia marginal).
Un cambio cultural forzado por el bolsillo
La Argentina de los 30 kilos de carne vacuna por habitante marca el fin de una era. Lo que antes era un rasgo de identidad cultural —el acceso irrestricto a la carne roja— hoy es un reflejo de la fragmentación económica. Mientras el pollo y el cerdo garantizan el aporte proteico necesario para la población, el asado se retira hacia un lugar de privilegio, evidenciando que, en la economía actual, la tradición suele ceder ante la necesidad de optimizar cada peso del presupuesto familiar.
