Tragedia ambiental en Chubut: el fuego acecha Cholila y denuncian abandono estatal

El avance descontrolado de las llamas amenaza con cercar la localidad rionegrina, mientras la falta de agua, el viento extremo y la ausencia de coordinación nacional agravan una crisis sin precedentes.

La situación en el noroeste de Chubut ha alcanzado un punto crítico que roza lo catastrófico. Tras semanas de combate desigual, el fuego que consume la región se encuentra actualmente fuera de control, avanzando con voracidad sobre la localidad de Cholila. El escenario, definido por los brigadistas como un «infierno de cenizas», está marcado por una preocupante ausencia de asistencia por parte del Gobierno nacional y una gestión provincial, encabezada por Ignacio Torres, que enfrenta duras críticas por la falta de previsión y las contradicciones en la información oficial.

Un pueblo entre dos frentes de fuego

Cholila se encuentra hoy en el centro de una pinza de fuego. Por el norte, un incendio originado el 5 de enero en Puerto Patriada ya ha devorado más de 22.300 hectáreas, destruyendo a su paso 60 viviendas e infraestructura productiva clave. Por el sur, las llamas provenientes del Parque Nacional Los Alerces —que ya afectaron 12.000 hectáreas— ingresaron en las últimas horas a Villa Lago Rivadavia, localidad que debió ser evacuada de urgencia ante la inminencia del desastre.

El factor climático ha sido el aliado más fiel del incendio. Con ráfagas de viento que alcanzan los 70 kilómetros por hora y una sequía que arrastra dos años de déficit hídrico, las fajas cortafuegos realizadas manualmente por los brigadistas resultan insuficientes. La rotación constante del viento vuelve impredecibles las lenguas de fuego, que saltan de copa en copa en los bosques de pino y especies nativas, dejando a la población civil en una situación de vulnerabilidad extrema.

Crisis hídrica y desorden logístico

A la amenaza del fuego se le suma un drama humanitario: los habitantes de Cholila llevan más de dos semanas sin agua domiciliaria debido al agotamiento de las napas. Esta crisis hídrica se extiende a El Maitén y Esquel, complicando no solo la vida cotidiana sino las tareas básicas de enfriamiento. La respuesta municipal ha sido señalada por su lentitud, iniciando perforaciones de emergencia recién cuando el humo ya cubría el casco urbano.

En el plano político, la designación de la comisaria Laura Mirantes como vocera del operativo ha generado más confusión que certezas. Las discrepancias son notables: mientras la provincia informa una cantidad variable de medios aéreos (entre 13 y 16), el Servicio Provincial de Manejo del Fuego (SPMF) solo contabiliza cinco operativos. Esta brecha informativa se traslada a la logística en el terreno, donde los propios brigadistas denuncian falta de viandas y elementos de seguridad, dependiendo en gran medida de las donaciones de la comunidad.

Impacto económico y social en la Comarca

El desastre no solo es ecológico; el corazón económico de la Comarca Andina está herido de gravedad. Por segundo año consecutivo, la temporada turística se ha visto interrumpida, dejando a localidades como El Bolsón y El Hoyo al borde del quebranto financiero. A pesar del humo que envuelve la región, las autoridades locales intentan mantener las festividades populares, como la Fiesta Nacional de la Fruta Fina, en un intento desesperado por reactivar el consumo local.

Sin embargo, la desconfianza crece ante el desplazamiento de la cúpula del Parque Nacional Los Alerces por parte de Nación, una medida interpretada por muchos como una maniobra distractiva frente a la falta de recursos enviados a la zona de desastre. Mientras las autoridades discuten narrativas, los brigadistas —la verdadera primera línea de fuego— continúan arriesgando su vida en un bosque que no deja de arder.