Crisis en la industria frigorífica: despidos y parálisis en Santa Fe y La Pampa

La industria frigorífica argentina atraviesa una crisis profunda por la caída del consumo y deudas millonarias, provocando cierres de plantas, suspensiones masivas y una creciente incertidumbre laboral en provincias clave.

La industria frigorífica argentina se encuentra en un punto de inflexión crítico, asediada por una combinación de factores internos y externos que amenazan su sostenibilidad. El desplome del consumo interno, sumado a un escenario financiero asfixiante, ha derivado en una ola de suspensiones, despidos y deudas salariales que golpean con especial dureza a las provincias de Santa Fe y La Pampa. Lo que comenzó como una desaceleración productiva se ha transformado en una crisis social que mantiene a cientos de familias en vilo frente a plantas paralizadas.

El foco del conflicto en Santa Fe: ocupación en Villa Gobernador Gálvez

Uno de los epicentros de la tensión laboral se sitúa en el frigorífico Euro, en la localidad santafesina de Villa Gobernador Gálvez. Allí, la desesperación ha llevado a medidas de fuerza extremas. Los operarios acumulan más de 90 días sin percibir sus haberes, una situación que los propietarios de la firma no han logrado subsanar ni explicar con claridad.

Ante la falta de respuestas y el temor fundado a un cierre definitivo que los deje en la calle, 13 trabajadores, acompañados por sus familias, decidieron instalarse dentro de las instalaciones. Esta ocupación no solo busca la visibilización del conflicto, sino que actúa como una medida de resguardo de los activos de la planta para garantizar el cobro de las indemnizaciones en caso de que la quiebra sea irreversible.

La Pampa: deudas millonarias y el futuro del frigorífico Pico

En la provincia de La Pampa, el panorama es igualmente sombrío. El frigorífico local de Bernasconi ya ha avanzado con desvinculaciones, depositando sus últimas esperanzas en la posible llegada de capitales chinos para una reactivación. Sin embargo, el caso del frigorífico Pico, en la localidad de Trenel, es el que mejor ilustra la magnitud del descalabro financiero.

Bajo la dirección del empresario Ernesto “Tito” Lowenstein, la planta ha suspendido a 450 empleados. El intendente local, Horacio Lorenzo, confirmó que la empresa arrastra una deuda superior a los 9.000 millones de pesos y se encuentra bajo un seguimiento estricto por parte del Banco de La Pampa. El impacto en la economía regional es directo: el parate de la actividad frigorífica congela el flujo comercial de la zona y sobrecarga la demanda de asistencia social en municipios que no cuentan con recursos para contener la caída.

Expectativas de reactivación y posibles ventas

A pesar de la parálisis, existe una pequeña luz de esperanza centrada en la infraestructura. La planta de Trenel cuenta con tecnología de punta, con procesos robotizados en empaquetamiento y desposte, lo que la convierte en un activo atractivo para otros jugadores del sector. En los últimos días, han cobrado fuerza las versiones sobre una posible venta o alquiler al Frigorífico Gorina, una operación que, de concretarse, permitiría retomar las faenas en febrero.

Actualmente, la empresa ha otorgado licencias por tiempo indeterminado, abonando apenas una fracción del salario ($500.000) y realizando entregas semanales de carne. Para las autoridades municipales, estos montos son meramente paliativos que apenas cubren servicios básicos, dejando a los trabajadores en una situación de «vulnerabilidad extrema».

Un sector bajo presión estructural

La crisis de la industria frigorífica no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una caída persistente en el poder adquisitivo que ha retraído el consumo de carne a niveles históricos. A esto se le suma un mercado internacional inestable y costos operativos al alza que los frigoríficos, especialmente los medianos, no pueden trasladar a precios sin perder competitividad.

El futuro inmediato de miles de familias depende de una estabilización macroeconómica que hoy parece lejana. Mientras tanto, las economías regionales de Santa Fe y La Pampa sufren el goteo constante de puestos de trabajo en un sector que es, tradicionalmente, el motor de sus comunidades.