Salud auditiva: por qué aumentan los casos de otitis en verano y cómo prevenirlos

Especialistas del Hospital de Clínicas advierten sobre los riesgos de la inmersión prolongada y el uso de hisopos, factores que disparan las infecciones del conducto auditivo durante las vacaciones.

Con las altas temperaturas de la temporada estival, las piletas, ríos y mares se convierten en los refugios predilectos para combatir el calor. Sin embargo, esta mayor exposición al agua trae aparejada una de las consultas médicas más frecuentes de la época: la otitis externa. Esta afección, conocida popularmente como «oído de nadador», consiste en la inflamación e infección de la piel del conducto auditivo externo, el canal que conecta el exterior con el tímpano.

El factor de riesgo: piletas vs. mar

A diferencia de lo que se suele creer, el agua de las piletas presenta un riesgo significativamente mayor que la del mar o el río. El doctor Santiago Monsalve, médico otorrinolaringólogo del Hospital de Clínicas, señala que el agua estancada, incluso cuando está clorada, puede favorecer la proliferación bacteriana si el mantenimiento no es el adecuado.

La humedad constante en el conducto auditivo altera el ecosistema natural del oído, creando un ambiente propicio para que las bacterias se reproduzcan. Este riesgo se potencia en personas que ya padecen afecciones cutáneas, como eczemas, que dejan la piel del conducto más vulnerable a la invasión de microorganismos.

El peligro oculto de la limpieza excesiva

Uno de los errores más difundidos en el cuidado personal es el uso de hisopos. Los especialistas son tajantes: el cerumen no es suciedad, sino una barrera defensiva esencial. La cera mantiene un pH ácido que frena el crecimiento de bacterias y actúa como una película protectora.

«El uso de hisopos es contraproducente porque irrita la piel del conducto y elimina esa protección natural», advierte Monsalve. Además de retirar la defensa química del oído, el uso de estos elementos suele empujar el cerumen hacia el fondo, provocando tapones que pueden adherirse al tímpano o, en casos más graves, causar perforaciones y lesiones permanentes.

Síntomas de alerta y cuándo consultar

Detectar la infección en sus primeras etapas es fundamental para un tratamiento rápido y efectivo. Los signos a los que se debe prestar atención incluyen:

  • Picazón persistente en el interior del oído.

  • Dolor agudo que se intensifica al tocarse o traccionar el lóbulo de la oreja.

  • Enrojecimiento visible en la entrada del conducto.

  • Disminución de la audición o sensación de oído tapado.

  • Secreción de líquido en cuadros más avanzados.

Ante la aparición de cualquiera de estos síntomas, se recomienda evitar la automedicación y acudir a un profesional, ya que el uso de gotas inadecuadas podría empeorar el cuadro según el tipo de germen involucrado.

Claves para una prevención efectiva

Para disfrutar del agua sin riesgos, los médicos sugieren adoptar hábitos de higiene sencillos pero rigurosos:

  1. Eliminar los hisopos: Limpiar solo la parte externa del oído con una toalla.

  2. Secado superficial: Tras salir del agua, inclinar la cabeza para que el líquido drene y secar suavemente la entrada del conducto sin introducir objetos.

  3. No retirar la cera: Respetar la protección natural del cuerpo a menos que un médico indique lo contrario.

  4. Consulta previa: Quienes suelen padecer de tapones deben realizarse una limpieza profesional antes de comenzar la temporada de natación.

Tratamiento: gotas y cuidados

El tratamiento estándar para la otitis externa suele basarse en la aplicación de gotas óticas con componentes antibióticos o antimicóticos. En casos donde la inflamación es severa o la infección se ha extendido, el médico puede prescribir antibióticos orales o corticoides. Durante el proceso de curación, es vital mantener el oído estrictamente seco, suspendiendo cualquier actividad acuática hasta que el profesional otorgue el alta.

Disfrutar con precaución

La otitis de verano no debe ser un impedimento para el descanso, sino un llamado a la prevención. Entender que el oído tiene sus propios mecanismos de defensa y que la intervención excesiva es perjudicial resulta clave para evitar visitas de urgencia al otorrinolaringólogo. Con un secado cuidadoso y abandonando el uso de elementos punzantes, es posible mantener la salud auditiva intacta hasta el final de las vacaciones.