Alarma en automotrices locales: Brasil ya importa más autos de China que de la Argentina
El gigante asiático desplazó al país como principal origen de las importaciones brasileñas en el segundo semestre de 2025. El avance de los modelos eléctricos y la falta de competitividad fiscal amenazan la producción nacional.
La suerte de la industria automotriz argentina está históricamente atada al mercado brasileño. Sin embargo, el equilibrio del régimen automotor común, vigente desde los años 90, atraviesa su momento más crítico. Según los últimos datos de la asociación de fabricantes de Brasil (ANFAVEA), se ha consolidado un cambio de tendencia que enciende alarmas en las terminales locales: por primera vez, las importaciones de vehículos desde China superaron en volumen a las provenientes de Argentina durante la segunda mitad de 2025.
El fin de un liderazgo histórico
Durante décadas, Argentina fue el principal proveedor de vehículos para Brasil. No obstante, las estadísticas de 2025 marcan un quiebre. Si bien en el balance anual Argentina lideró con 200.335 unidades enviadas (un 10,8% menos que en 2024), el desempeño mensual revela que la hegemonía se perdió a partir de julio.
La evolución es elocuente: en enero de 2025, Brasil importó 19.400 autos argentinos frente a 10.400 chinos. Sin embargo, en diciembre la relación se invirtió drásticamente, con 25.400 unidades provenientes de China y solo 18.800 desde Argentina. Mientras las exportaciones nacionales cayeron un 10%, las compras brasileñas a China se dispararon un 55% interanual.
El desafío de la nueva tecnología
El cambio en el consumo brasileño es uno de los motores de esta crisis. El consumidor del país vecino se está volcando masivamente hacia modelos híbridos y eléctricos, un segmento donde las marcas chinas dominan la oferta global. Actualmente, las firmas del gigante asiático ya representan más del 10% de las ventas totales en Brasil.
Argentina, cuya producción está mayoritariamente centrada en vehículos con motores a combustión tradicional, queda fuera de esta nueva demanda «ecológica». A esto se suma que marcas chinas ya han comenzado a fabricar en territorio brasileño, lo que les otorga una ventaja logística y de costos frente a los modelos que cruzan la frontera desde Córdoba o Buenos Aires.
Competitividad y presión fiscal
Las terminales locales señalan que no solo compiten contra una tecnología superior, sino contra una estructura de costos desigual. En Argentina, aproximadamente el 15% del precio de un vehículo exportado corresponde a carga impositiva. «La fuerte presión fiscal local nos quita competitividad frente a productos que llegan desde China, en muchos casos con subsidios estatales de su país de origen», advierten fuentes del sector.
La situación es paradójica: mientras que Brasil sigue siendo el destino del 70% de la producción argentina ideal, la dependencia es asimétrica. Con un mercado brasileño de 2.700.000 unidades anuales frente a las 612.000 de Argentina, cualquier retracción en las compras del socio mayor implica una caída inmediata en los niveles de actividad de las plantas nacionales.
Un escenario de baja producción
La preocupación no es solo comercial, sino industrial. Una menor demanda desde Brasil se traduce directamente en suspensiones o recortes de turnos en las fábricas locales. Con proyectos de nuevos modelos aún en etapa de maduración y la salida de producción de vehículos clásicos, la industria argentina se encuentra en una encrucijada: modernizar su matriz hacia la electromovilidad o seguir perdiendo terreno frente a la avanzada asiática.
De no revertirse esta tendencia o compensarse con la apertura de nuevos mercados regionales, el 2026 podría marcar el primer año en que China desplace definitivamente a la Argentina como el principal socio automotor de Brasil, cerrando un ciclo de tres décadas de integración privilegiada.
