A 11 meses de la desaparición de Lian Flores: el dolor por la falta de respuestas
En una concentración con escasa participación vecinal, Elías Flores relató la angustia de no tener noticias de su hijo. La familia cuestiona la falta de indicios y pide usar la línea 134.
A punto de cumplirse un año de la desaparición de Lian Flores, la incertidumbre sigue siendo la única constante para su familia. En las últimas horas, una nueva convocatoria realizada en la plaza de Ballesteros Sud expuso dos realidades dolorosas: la persistencia del reclamo de un padre que no se rinde y la disminución del acompañamiento social, ya que apenas una veintena de personas se acercó al lugar para acompañar el pedido de justicia.
La angustia de una búsqueda sin rastros
Elías Flores, padre del niño del que no se tienen noticias desde hace 11 meses, tomó la palabra durante el acto para renovar el pedido de ayuda a la comunidad y expresar su desconcierto ante una investigación que, según sus palabras, no arroja resultados concretos. «Siempre voy a pedir a toda la gente que si saben algún dato o tienen alguna información, avisen o llamen a la línea 134, porque mi hijo necesita estar con su familia», expresó Elías, visiblemente conmovido por el paso del tiempo.
El paso de los meses no ha mitigado el dolor, a pesar de la asistencia terapéutica que recibe el círculo íntimo del menor. La falta total de información sobre el estado de Lian es el factor que más atormenta a sus progenitores. “No sabemos si está comiendo, si vive bien, si vive tranquilo o cómo está. Ese pensamiento no sale de nuestra mente”, confesó el padre, quien admitió que el trauma es constante: “Pensamos en todo momento si está llorando o si sufre. Ni por más ayuda profesional, se puede olvidar ese dolor”.
Cuestionamientos a la investigación judicial
Uno de los puntos centrales del discurso de Flores fue la ausencia de pistas firmes tras casi un año de búsqueda intensiva. Para la familia, resulta estadísticamente inconcebible que los operativos de rastrillaje y las llamadas a los servicios de emergencia no hayan aportado luz sobre el paradero del niño. La sensación de estancamiento en la fiscalía genera dudas sobre la efectividad de las medidas tomadas hasta el momento.
“Para nosotros es extraño. ¿Qué puede haber pasado para no encontrar ningún indicio, ningún rastro? Esa es nuestra pregunta hacia la Justicia”, cuestionó el padre con firmeza. Elías comparó la situación actual con la desesperación del primer día, señalando una parálisis que lo angustia: “Llamé para que me ayuden a encontrar a mi hijo, pero no hay nada. Es una situación que nos resulta inexplicable”.
Un paisaje que castiga la memoria
El entorno rural de Ballesteros Sud, lejos de ofrecer consuelo, se ha convertido en un recordatorio constante de la tragedia. Elías mencionó cómo el paisaje regional, al volver a verse verde y con campos sembrados tras el cambio de estación, lo retrotrae al momento exacto en que se perdió el rastro de Lian. El ciclo de la naturaleza parece haberse detenido para la familia en aquel fatídico día de hace casi un año.
“El lugar nos recuerda mucho, porque cuando desapareció estaba así, con los yuyos verdes. Recordamos cada horario, dónde estábamos y que de aquí desapareció nuestro hijo”, lamentó. Esta carga emocional se intensificó durante las recientes fiestas de fin de año, un período especialmente cruel para quienes buscan a un ser querido: “Yo miraba a cada niño que pasaba queriendo reconocer la carita de mi hijo en la multitud, pero no había posibilidad. No estaba”.
El llamado a la solidaridad ciudadana
Pese a la merma en la participación de los vecinos en las marchas, la familia insiste en que el compromiso social es la única llave que puede destrabar el caso. La hipótesis de que alguien, en algún lugar, posee una pieza de información clave que aún no ha sido compartida con las autoridades, se mantiene vigente. El Estado mantiene activa la recompensa y el canal de comunicación directa para aportes anónimos.
El caso de Lian Flores se suma a la lista de desapariciones de menores que desafían la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad provinciales y nacionales. Mientras la causa avanza sin imputados ni líneas claras de investigación, el tiempo corre en contra de una familia que solo exige una respuesta: saber dónde está su hijo.
