Crisis en Chubut: el fuego arrasa 22 mil hectáreas y amenaza con extinguir bosques nativos

Investigadores del Conicet advierten que la recurrencia de incendios y la invasión de pinos implantados están empujando al ecosistema andino-patagónico hacia un punto de no retorno irreversible.

La Patagonia argentina enfrenta una de sus crisis ambientales más severas de las últimas décadas. En la provincia de Chubut, los incendios forestales ya han consumido aproximadamente 22.000 hectáreas, afectando áreas de valor incalculable como el Parque Nacional Los Alerces y las localidades de la Comarca Andina. Sin embargo, el daño trasciende la pérdida de superficie: los especialistas describen un escenario de «sustitución ecológica» donde las especies nativas, como el coihue y la lenga, están siendo desplazadas por especies invasoras altamente inflamables.

El fenómeno no es casual. La combinación de sequías prolongadas, un aumento en la frecuencia de las igniciones y la presencia masiva de pinos implantados ha creado un ciclo de retroalimentación positiva para el fuego. Investigadores del Conicet señalan que la resiliencia del territorio —su capacidad para recuperarse tras un disturbio— se encuentra en niveles críticos, lo que pone en duda la supervivencia futura del bosque andino-patagónico tal como se conoce hoy.

El pino: un aliado biológico del fuego

Una de las mayores preocupaciones de los científicos es la ventaja adaptativa de los pinos frente a las especies autóctonas. Plantados hace más de medio siglo con fines comerciales, estos ejemplares poseen piñas que requieren de altas temperaturas para liberar sus semillas. Tras un incendio, mientras el ciprés o el coihue luchan por rebrotar, el pino coloniza el suelo de forma agresiva.

Javier Grosfeld, investigador del Conicet Patagonia Norte, aportó cifras alarmantes sobre esta transformación en Puerto Patriada: mientras que en 1999 se contabilizaban unos 8.000 coihues por hectárea, estudios recientes del Inbioma detectaron entre 100.000 y 150.000 pinos en la misma superficie. Este «caldo de cultivo» garantiza que los próximos incendios sean aún más violentos y difíciles de controlar, dado el alto contenido de resina y biomasa combustible de estas especies exóticas.

Pérdida de resiliencia y avance demográfico

La recurrencia de los focos ígneos quita margen de maniobra a la naturaleza. Mariano Amoroso, investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Río Negro, advirtió que la reincidencia del fuego agota el banco de semillas nativas. «Los bosques están desapareciendo y es muy posible que no podamos volver a recuperarlos», sentenció. En algunas zonas de la Comarca Andina, se estima que el 75% de la cobertura boscosa ya ha sufrido el impacto de las llamas en diferentes periodos.

A este complejo panorama biológico se suma la presión antrópica. El crecimiento poblacional en la región cordillerana ha sido notable entre los censos de 2010 y 2022:

  • Neuquén: +24,13%

  • Río Negro: +14,59%

  • Chubut: +14,5%

La expansión de la infraestructura sobre áreas naturales, conocida como «interfaz urbano-forestal», multiplica las probabilidades de inicio de fuego, ya sea por negligencia, fallas eléctricas o intencionalidad, en un territorio que cada vez tiene menos defensas naturales.

Un paisaje que cambia para siempre

La transformación del paisaje no es solo estética; implica la pérdida de servicios ecosistémicos vitales como la regulación hídrica y la protección del suelo contra la erosión. Los expertos coinciden en que la única alternativa para mitigar este desastre es la implementación de planes de manejo preventivo que incluyan el control de especies invasoras y una planificación urbana más rigurosa. Sin una intervención estatal decidida, el emblemático bosque nativo patagónico corre el riesgo de convertirse en un matorral uniforme de especies exóticas, propenso a arder una y otra vez.